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Año 3 | No. 11 | 2016.

Enfocar la cuestión del anti romance hacia una comprensión dual, en la que no se soslaye la idea del amor, en primera instancia, y segundo, no corrompa el acto sexual y lo convierta en un deseo puramente animal y de implicaciones meramente morales, es una tarea que requiere meticulosidad y criterio, el suficiente para abordar múltiples perspectivas, dentro del ámbito de lo socio cultural, biológico-genético y de la voluntad.

Por Alfredo de la Mora | Junio 2016


Históricamente el amor y el sexo se han contrapuesto en la sociedades occidentales a causa de la predominancia patriarcal, cortesía de las corrupciones que distintos personajes del cristianismo hicieran del mensaje mesiánico que ensalzaba la unión entre un hombre y una mujer, y se comenzara a hablar del pecado original, como un medio de control político sobre la imagen de las mujeres, en este caso representadas por la figura de una reina descendiente de una casta sagrada y políticamente poderosa, me refiero a la Magdalena, a la que bautizaron con el pseudotitulo de prostituta.



Sin embargo en otras culturas, las llamadas paganas, que escaparon del yugo de Roma y de los discursos fanáticos de los apóstoles como Pablo, el principal de ellos que a causa de su misoginia transformara el mensaje de Jesús y de Magdalena en un himno contra la sexualidad y la naturaleza de la condición humana, siguieron sus prácticas religiosas con el estandarte de la adoración hacia la madre tierra, hacia el amor y hacia una práctica sexual sana, estas organizaciones sociales fueron, en su mayoría, los últimos matriarcados.  

Mencionar estos rasgos históricos dentro del desarrollo moral enfocado a la sexualidad es de importancia significativa, ya que nos ayuda a comprender un poco más la conducta que mostramos en nuestros actos de enamoramiento y de cortejo sexual, como hijos directos de la colonización de un pueblo francamente fanático católico, muchas de las malas costumbres de la religión se nos han metido hasta por debajo de la narices aunque a veces, por el hecho de no practicar la religión como tal, o pertenecer a otros cultos, pensamos que nuestra manera de actuar está completamente desligada a esa herencia, sin comprender que del todo, no es así.

Con estas bases podemos hablar ahora de la idea del romance y del anti romance, aunque hacemos énfasis en el hecho de que estas ideas se construyen sobre determinadas condiciones culturales y a la vez se  exterioriza en múltiples procesos de la conducta social de la que formamos parte.  Todo esto como un legado generacional, intrínseco a la naturaleza humana, espiritual y de vertientes con raíces profundas en la conformación del fenómeno infinito del llamado “ser humano”.

No existe el amor sin sexo y no existe el sexo sin amor…, una forma reduccionista de abordar la cuestión, empero, prefiero acercarme a una especie de contemplación más gozosa con una tarea más abstracta, precipitada hacia el pensamiento.

Cuando, por ejemplo, pensamos en la perfección, es difícil para muchos discernir entre la idea del “estereotipo” y la idea clara de lo que podría representar el concepto tan profundo de quien concibe el objeto metafísico, “La perfección existe sólo dentro de la imperfección”, Nietzsche. Condición que escapa a cualquier insinuación silogística que pudiera desprenderse de tal reflexión, simplemente concebimos lo perfecto como algo que no deja de ser imperfecto y viceversa, trascendiendo los límites impuestos por el legado cultural. De esto, descubrimos, en buena parte que la complejidad del universo humano puede adentrarse a diferentes estados psíquicos, en buena medida impulsados por la naturaleza genética, y  así, empujarnos hacia un devenir lleno de luz u oscuridad (sea el caso). ¿Y a que me refiero o hacia dónde quiero llegar con esto?, es difícil desprender una causa de otra, la ciencia demuestra su constante arbitrariedad, tan necesaria, al proponer la causación de un efecto tras otro sin poner demasiado énfasis en los estados intermedios que nutren los acontecimientos más simples y más complejos en cada fenómeno de la cotidianidad. Romance y anti romance, pueden ser abordados desde esta misma óptica, una como causa aparente de la otra, o simplemente como aquello que pertenece a un estado incalculable dentro del tiempo y el espacio, ¿en qué momento el romance se hace a un lado para dar paso al anti romance? y una vez que este se ha postrado entre los amantes, ¿el anti romance existe sólo para alimentar aquello que el romance entiende y no puede sostener por sí mismo?, ¿Es el acto sexual motivo del romance o es el romance motivo del acto sexual nutrido de anti romance?. Dialéctica.

Nine Inch Nails - Closer

El amor romántico, como un fenómeno ampliamente documentado, motivo de vida y muerte, de placer y dolor, pena y gloria, esperanza y desesperación, aparece ante nosotros con un velo de incertidumbre anunciado por la más profunda y sólida melodía, una que es creada, aunque la palabra “creada” me incomode un poco, para ser escuchada por todos aquellos que tengan oídos para ella. Por otro lado el sexo, es medio de placer, de acción, enfermedad, tragedia, reproducción y goce, siendo una condición natural para la mayoría de las especies de este mundo, a menos de que seas un hipocampo o un caracol, por mencionar algunos, es casi imposible que no experimentes la sexualidad de una manera u otra,  ¿puede observarse alguna distinción válida entre amor y sexo, romance y anti romance?

¿Y las diferencias entre hombres y mujeres?, cada vez más superadas por la cultura y transgredidas por los cambios genéticos a un tiempo desacelerado desnaturalizadamente. Quiero sentar las bases del argumento antes de entrar en la boca del lobo. Arguiñano expone que las mujeres y los hombres contenemos aspectos estructurales y sistémicos diferentes, empero, todavía más allá de las ópticas biologistas y de los aspectos socio culturales, puede apreciarse un amplio e interminable campo de observación que nos hace suponer que todos presentamos comportamientos ligados a una naturaleza compartida, y, a la vez, cada uno vive de acuerdo a una manera única de construir su realidad.

Entre Canibales - Soda Stereo [Versión inedita, audio sin retocar] MTV Unplugged

La mayoría de los hombres practican el amor para alcanzar el sexo, mientras que la mayoría de las mujeres practican el sexo para alcanzar el amor, Sponville. Romance y anti romance, es común en cada ser humano desarrollar los mismos instintos o pulsiones naturales que nos vuelven seres sexuales, y por lo tanto morales, sin embargo, la educación, el medio social y la genética juegan roles distintos y de múltiples variables en cada uno de nosotros. Entonces, es el sexo, el buen sexo, imprescindible para mantener la divinidad del amor, y es el amor imprescindible para mantener el fuego del sexo. “El sexo sin amor solo alivia el abismo que existe entre dos seres humanos de forma momentánea”, Fromm. La vacuidad del sexo cuando no contiene el elemento teleológico que culturalmente lo hace único, y en algunos casos hasta sagrado, sólo puede representar un acto de reproducción, violencia o de mera concupiscencia.

Y es que la cuestión sigue presentándose infinitamente, el romance implica amor, palabras fragantes, poesía, flores, verdades dulces, días soleados y noches de estrellas. ¿Podemos negar la importancia de lo erótico en una relación amorosa?, “Sin prohibiciones no hay erotismo”, Bataille. Para aquellos que creemos en el amor, éste trasciende cualquier horizonte perpetuado a lo sexual. Aunque para otros el elemento sexual es el motor que nos impulsa a amar y querer ser amado, en palabras del psicoanalista Carl Jung, “El instinto erótico pertenece a la naturaleza original del hombre. Está relacionado con la más alta forma de espíritu”.

Definitivamente la cuestión es social-personal, resulta harto excitante tratar de sumergirse en el mundo del otro, tratar de “ver” con otros ojos, intentar “sentir” con otra piel, percibir los aromas como lo hace alguien más…¡a través de uno mismo! En el sexo se ponen al descubierto los aspectos más vulnerables del ser humano, así como las virtudes más presumibles o inocuas, así pues, el anti romance no se alimenta de la falta de amor, al contrario, a menos de que cojas por dinero, siempre puede existir un elemento romántico en una relación, pero eso sí, ya sea que se practique el amor (enamoramiento), o una buena cogida (calentura), o el sólo acto del coito (reproducción), esto contiene un aspecto erótico, cachondo o “sucio” que difiere en grados distintos, incomprensibles a veces hasta para el propio actor. Hablas con tu esposa (o pareja) de filosofía por la tarde y por la noche le sueltas un par de obscenidades a la hora del sexo, ¡y no parece importarle!, Sponville.

Imagen de margassouviron.prosite.com


A la sazón, coger y hacer el amor (anti romance y romance) parecen no tener una verdadera distinción para muchos de nosotros, mientras que para otros, son dos mundos diferentes ligados por la misma causa fálica y vaginal. El amor sigue siendo ininteligible, el sexo es la forma más obvia y simple que la mayoría de las especies de este planeta practicamos para reproducirnos; en el caso de los humanos y de los delfines, encontrar placer, y muy exclusivamente en el “nuestro”, para expresar nuestras pulsiones más naturales, he ahí la distinción más clara, lo que nos hace humanos.

Enamorarse, encularse, amar, querer, desear..., y el sexo de por medio haciéndola de juez y de juzgado..., aun así, los placeres que esto nos proporciona son inconmensurables, hieros gamos. Desde tiempos ancestrales, el ser humano ha encontrado divinidad en la relación corpórea de dos almas, sin importar el tiempo, la raza o las costumbres, su significado suele ser algo más que un simple hecho natural. Dejemos el romance a un lado, cojamos, sí..., pero sólo se puede pensar de esta manera si el amor inunda nuestras vidas, si nuestro espíritu se eleva con un beso, una caricia o un orgasmo… En fin…,  “No se trata de renunciar al sexo, estoy lejos de apelar al puritanismo, pero sí de transformar nuestra relación con él. Intentemos llevarlo más allá de ser sencillamente un acto biológico que responde a impulsos no asimilados”...Kalho.

Dedicado a Rebeca, por ser mi apoyo, mi amor y fiel seguidora de Marnuj.

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