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Año 3 | No. 11 | 2016.

| El Amor Anti-Romántico

Para hablar de anti-romance primero tendríamos que preguntarnos si tenemos una ligera idea de lo que es el amor. Y… ¿en verdad existe alguien que pudiera dar una definición correcta de lo que es el amor?   

Por Az Caballero | Junio 2016


ANTI:
Prefijo de origen latino que significa opuesto o contario.
ROMANCE:
Lengua derivada del latín
Singular forma de expresión afectiva entre amantes.
Relación amorosa pasajera.

La idea del amor romántico hollywoodense proviene del movimiento cultural conocido como romanticismo, surgido a finales del siglo XVIII en Europa como una reacción revolucionaria contra el racionalismo de la Ilustración y el Neoclasicismo, teniendo como prioridad los sentimientos y la conciencia del “Yo” como entidad autónoma. Los ideales de esta corriente tenían un gran aprecio de lo personal y normalmente estaban dirigidos hacia un subjetivismo e individualismo absoluto. Ideas que se veían reflejadas en todas las expresiones artísticas de la época, sobre todo en la literatura, en donde los personajes de las novelas daban rienda suelta a sus sentimientos llevándolos hasta las últimas consecuencias y daban prioridad a sus deseos personales por sobre todas las cosas.

El amor romántico es sin duda el más pasional y peligroso por los ideales que persigue, un ejemplo es el de François Picaud, mejor conocido como el Conde de Montecristo, quién después de ser encarcelado por 7 años planeó durante otros 10 años su implacable venganza en contra de los “amigos” que le traicionaron tras comprometerse con una mujer rica (cualquiera se molestaría) y el cual es consumido por su deseo de venganza si retribución alguna.

Ahora pensemos en si este concepto o postura del amor y el romance es verdaderamente positivo, si este concepto de amor romántico-pasional es el que realmente necesitamos como individuos y como especie.

Quizá sin darnos cuenta en los lugares donde menos podamos imaginar encontremos ideas y conceptos que nos acerquen un poco a lo que podría ser el amor; quizá donde nuestros ojos llenos de ego ven “anti-romance” es donde realmente se encuentre el sentido real del amor.

Por ejemplo pensemos en el concepto de amor que tiene el budismo tibetano, que dice que el amor no es un momento de pasión, o un sentimiento que se le pueda tener a una sola persona. Para el budismo el amor es un estado perpetuo del espíritu y la mente, que siente compasión hacia todo lo vivo, no solo hacia las personas o una en particular.

Los tibetanos creen que el amor no tiene nada que ver con la pasión y el romance, pues ambos te llevan al deseo y el deseo trae dolor e infelicidad inequívocamente, tampoco tiene nada que ver con atarse a una persona en cuerpo y alma. Tiene más que ver con el entendimiento de nuestro lugar en mundo, con la empatía hacia con todo, con la búsqueda de la libertad real.  Para ellos el amor está relacionado con la máxima evolución en la conciencia del ser humano, y no con expresiones vánales, efímeras y superfluas; en otras palabras, para los budistas el amor en totalmente anti-romántico.

Como este existen numerosos ejemplos de posturas e ideas que nos ofrecen otra visión de amor y de anti-romance, como en el caso de los samuráis, que a pesar de que les era permitido tener esposa, ella nunca les debía representar un impedimento para cumplir con su deber o cumplir con los preceptos del bushido, es decir, el amor no debía ser nunca una razón para no hacer lo correcto; o los preceptos chamánicos que afirman que el camino del hombre de conocimiento es solitario, pues sabe que el amor no se limita a los intereses personales, el amor no es amor cuando es basado en el egoísmo y en la posesión, si no en la libertad y la benevolencia; o el mismo Jesús de Nazaret que bien preguntaba cual era el mérito en amar a quien nos ama, y afirmaba que la hazaña está en amar a tu enemigo y orar por él.


Así que pongámonos a reflexionar que tan bien pensado tenemos nuestro concepto de amor, pongámonos a pensar un momento si el amor está realmente en dónde creíamos que estaba, preguntémonos si el amor que sentimos es un amor real o un espejismo creado por una revolución química en nuestro cerebro mezclada con significaciones superfluas de nuestra realidad decadente. Dejemos que el anti-romance nos lleve a conocer una cara del amor que no conocíamos.

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