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Año 2 | No. 7 | 2015.

| Ficción Visual

Siempre que pensamos en ciencia ficción, lo primero que se nos viene a la cabeza son robots mayordomo, ciudades post apocalípticas, patinetas voladoras, viajes al espacio, drogas alucinógenas que se inyectan por la carótida o ropa que se ajusta sola, pero pocas veces nos detenemos a pensar que sería de este género amado por muchos y desaprobado por otros, sin la influencia de un  artista gráfico y escultor conocido como Hans Ruedi Giger.

Por Fernando Solares | Abril 2015


Con su cabeza llena de cyberpunk, este suizo loco inició una tradición estética que continua vigente hasta nuestros días, tanto en producciones cinematográficas, como en la misma tecnología que se utiliza en la vida cotidiana.

Todos lo recordamos por ser el padre del octavo pasajero que merodeaba a suboficial Ellen Ripley, pero antes de incursionar en el séptimo arte, Giger comenzó trabajando como diseñador de interiores en la década de los 60, de esta época datan los primeros bocetos de sus famosos Niños atómicos, que décadas antes de la catástrofe de Chernobyl, anunciaban los efectos de un Apocalipsis nuclear (a la Nostradamus).

Casualmente,  llegó al mundo del cine invitado por el chileno Alejandro Jodorowski, quien lo busco para diseñar un planeta para una adaptación de la novela original de ciencia ficción Dune, escrita por Frank Herbert en 1965. Aunque la película nunca vio la luz, Jodorowsky también había conectado para trabajar en la película al artista gráfico y diseñador Dan O’Bannon, que fue quien incorporó a Giger al proyecto de la película Alien en 1978. Cuando Ridley Scott, vio los dibujos y diseños de Giger, dijo - holly shit!!- lo que pasó después es historia conocida.

Es innegable la influencia que Giger tuvo en el cine de ciencia ficción, a pesar de que su criatura sólo aparecen breves minutos en la primera película de Alien, supo hacer una mancuerna extraordinaria con Scot, quien jugó con el terror en el sentido más clásico, dando un contrapunto gótico muy novedoso, marcando de por vida al género de la ciencia ficción. Cabe recordar que hasta ese momento, en 1979, las películas de terror  todavía se centraban en los miedos en esta tierra: asesinos psicópatas, hombres lobo, espíritus, tiburones, vampiros.

De esta manera, las referencias a los miedos más arraigados en el ser humano se vieron por primera vez reflejadas en la última frontera, el espacio exterior, dejando casi en el ridículo las representaciones de los extraterrestres que predominaban en el cine.

Su estética oscura y perturbadora, influenció a posteriores producciones cinematográficas como Poltergeist 2, Species 2 (donde también creó a la criatura de la película) o la tercera entrega de Alien, con David Fincher. Alien, también fue un gran trampolín para la actriz Sigourney Weaver, quien a partir de entonces y gracias a su gran actuación en el papel de Ripley, se convirtió en madrina de la ciencia ficción.

Pero no solo dejo su sello en el cine, diseñando ominosas criaturas o escenografías espaciales, también supo plasmar su visión en el mundo real, específicamente en la arquitectura y el diseño de interiores, a través de la creación original de dos bares que llevan su nombre, Giger Bars, los cuales se construyeron en Suiza.

El Giger Bar es una obra de arte por si mismo, una experiencia completamente única. Los techos, paredes, pisos, accesorios, mesas y sillas están modelados por el artista en el estilo de sus diseños inspirados en el medio ambiente , la sexualidad, el terror y la biomecánica, brindando a todos la posibilidad de sumergirnos en su increíble, acogedor y estimulante mundo.

De acuerdo con la página de Internet viajavia.com, es como ingresar al interior de una enorme criatura fosilizada con calaveras y seres de pesadilla. Tomar una cerveza o beber un capuchino es toda una experiencia, esperando que a la criatura, no se le ocurra salir desde alguno de los rincones del bar.

En cuanto al mundo de la música, el nombre H.R. Giger se expandió hasta videos musicales y diseños de portadas de discos, siempre manteniendo a la ciencia ficción en su trabajo y arraigado al mundo del rock, del pank y del metaaaaaal.

La primera portada que Giger creó para una banda musical fue Walpurgis, una banda suiza de rock psicodélico que en 1969 estrenaba The Shiver con el diseño de este artista. De esta forma siguió trabajando bajo el patrón de lo oscuro y lo tétrico de forma muy cercana con artistas como Korn, Danzig, Carcass y Magma, entre otros.

Otra de las bandas con las que trabajó fue Celtic Frost, uno de los grupos pioneros del metal más loco. Giger aportó el arte del controversial LP To Mega Therion de 1985, en cuya portada se aprecia a Satán utilizando a Jesús como una resortera, el cual, por obvias razones, generó indignación en la comunidad católica europea.

De igual forma el diseño de Giger para el LP Frankeschist de Dead Kennedys, fue acusado directamente de pornográfica por el Parents Music Resource Center (PMRS, por sus siglas en ingles), la cual buscaba aumentar el control de los padres sobre el contenido violento, sexual o de drogas al que podían acceder sus hijos en la música "del diablo" (no por nada esta asociación era dirigida por la esposa de Al Gore, Tipper Gore). Estos iniciaron acciones legales contra la banda a la que llevaron a juicio por el cargo de distribución de material dañino a menores de edad.

Solo porque la gracia de dios es grande (jejeje), dichas acusaciones sólo consiguieron que se instalara una leyenda que decía:

“ADVERTENCIA: En el interior de la portada de este disco hay una obra de arte de H.R. Giger que algunas personas pueden encontrar chocante, repulsivo u ofensivo. La vida a veces puede ser de esa manera.”

Sin duda, la sombra de Giger aún se puede ver no solo en el cine donde contribuyó a la creación de la saga mítica de la ciencia ficción, su iconografía y estética hoy en día puede encontrarse en distintas salas de tatuajes, clubes y tiendas fetichistas, cuentos y figuras de acción, como también puede encontrarse viva e integrada en distintas subculturas urbanas,  en forma de musa inspiradora para las nuevas generaciones de artistas o en incontables frases de dominio público, las cuales, le dan forma a la ciencia ficción contemporánea.