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Año 2 | No. 7 | 2015.

¿La realidad supera la ficción? o ¿La ficción precede a la realidad? La ciencia ficción ha sido objeto de críticas y juicios, así como de consideraciones dentro de las ciencias y el arte en general.

Por Alfredo de la Mora / Abril 2015


Julio Verne (1828-1905) fue uno de los escritores con más anécdotas con respecto a las proyecciones que en sus relatos hacia acerca de monstruos marinos, artefactos tecnológicos que transportaban al hombre por mar,  tierra y a  viajes espaciales, plasmó en sus obras la idea de fenómenos de fluctuación de partículas en el espacio exterior, que a decir de muchos allegados de su época y la nuestra, se quedaban en meras alucinaciones, eran producto de una mente activa y con mucho ocio, y a decir de otros tantos, eran mensajes que le llegaban del más allá, o que captó de otras civilizaciones intergalácticas, o tal vez que vivían en su inconsciente colectivo de manera más activa que en los demás o simplemente fueron el vaticinio del futuro que actualmente sabemos es una buena parte de la realidad que nos acontece. En sus obras, Verne, hace uso de una maravillosa suspicacia en consonancia directa con el desarrollo humano, milenario, ocultista, científico y tecnológico que vislumbraba los albores de una era más allá de las consideraciones de las masas proletarias, pero que no por eso se puede decir, que no haya dejado de superar a los hombres de estudios profundos pero faltos de esa variable que nuestro autor supo explotar, la imaginación.


Nos basamos  en el ejemplo de Julio Verne a causa del impacto que sus obras y principalmente sus “predicciones”, han hecho al mundo de la ciencia a través de la literatura; pero no es propiamente el lugar hacia donde nos dirigimos, sino más bien queremos incursionar un poco en cuanto a ese delirante recurso de abstracción tan fundamentado en los avances y descubrimientos de tipo tecnológico y científico que nos atañe. Es necesario pues, hacer una clara distinción entre la ciencia ficción y el género fantástico que se llevan tan bien y de la mano con el tema en cuestión.

Al parecer el vínculo, negado por unos, acogido por otros, que estrechan la ciencia y la ciencia ficción, se desenvuelve no de manera espontánea y sin antecedentes claros como lo suponen una vida rica en experiencias y perspectiva de los acontecimientos que implican la búsqueda de esa verdad universal tan oculta en la metafísica y en el conocimiento empírico, sin embargo, para quienes han contribuido al desarrollo de las ciencias, desde épocas pasadas, la teorización de un supuesto que a través de la experimentación se volvió en ley universal, han otorgado un salto gigantesco al descubrimiento de la naturaleza del ser humano, siendo esta la causa primordial en la distinción de lo que argüíamos con antelación entre las dos vertientes literarias.

 Cosas tan normales para nosotros hoy en día, como lo son: los aviones, la circulación de la sangre, la evolución de las especies o las leyes de la gravitación universal, en su momento de descubrirse, pensarse, experimentarse y fundamentarse, padecieron un intenso ataque por parte de los grupos conservadores de la iglesia católica, la ciencia clásica y las filosofías intrascendentes al grado de que si el término ciencia ficción se hubiera usado en esa época (cosa de la cual no estamos seguros), seguramente mencionados descubrimientos hubieran sido tachados de eso, de ciencia ficción, claro con nuestras respectivas reservas ante la evolución de la palabra Ciencia  a lo largo de toda su historia.

Adelantada a su tiempo y en vísperas de un emporio de tipo intelectual que halló en los medios de comunicación y de transición cultural su máxima expresión pictórica, empero, preconcebida por la ciencia que en las manos de los pragmáticos y reduccionistas, prefiere alejarse de esa gran parcela de verdad, la ciencia ficción se consagró, también reflejada en el arte, como estandarte en la predicción  o anhelo de los logros científicos que ayudarían a la raza humana al mejoramiento de sus condiciones de vida y muerte.

La industria del cine principalmente, en estos tiempos, se ha visto glorificada por la ciencia ficción, es en la pantalla de las salas cinematográficas donde, gracias a los avances en la realización de escenarios súper bizarros, donde las historias de naves espaciales, monstruos prehistóricos clonados , tecnologías que curan sin abrir los cuerpos de los pacientes, el combate al crimen a través de avances que permiten predecir el futuro, los clásicos viajes en el tiempo, el descubrimiento de una nueva raza mutante y las posibles curas que eso implicaría para el mejoramiento de la salud de los habitantes de la tierra; y en otros escenarios más oscuros, la guerra contra las maquinas, la aniquilación de la humanidad por bombas cada vez más poderosas, virus mortales que ejercen influencias químico-biológicas y que causan suicidios colectivos o nos vuelven una especies de zombies, la tan esperada (y no) invasión extraterrestre, etc... y así los escenarios posibles, en el transcurrir de este género tan polisémico, son tan inmensos como los mismos pensamientos de los humanos que los crean.

En la actualidad, la ciencia ficción es bien recibida por las grandes mayorías, siendo objeto de crítica solo por parte de las religiones ortodoxas y las alas conservadoras de algunos grupos de índole moral y social predominantes en sistemas de gobierno en países determinados; lo importante es, que nuestra imaginación goza y la pupila se deleita con entusiasmo al ver y escuchar el producto de recursos capitales, engranados a los aparatos de producción y consumo de las sociedades neoliberales, en la realización de piezas de arte escrito, de video y audio que caracterizan a una buena parte de la civilización que goza tanto de ellas y que en otros rubros, inyecta ideas, júbilo y curiosidades a un mundo en espera de descubrirse, o de inventarse, al paso de los tiempos y la perfección de las técnicas que dan origen y secuencia a nuestra cultura.