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Año 2 | No. 7 | 2015.

| El Infinito. Juan García Esquivel

Era algo así como un larga duración de algún polímero, emparedado entre un par de cilindros alargados, calzados por unos ahulados escarpines a manera de tren de aterrizaje antiderrapante y, del lado superior una  vasija boca abajo de un rosa chillante coronaba a esa circunferencia de plástica apariencia. Una reptiliana, un ser anfibio del planeta de los Bufonitas, una cría rodenita que tenía como remate en su testa un grotesco pabellón auditivo de cada lado, un bombusiano cuyas escasas extremidades dípteras contrastaban con el tamaño de su prominente abdomen; esta arrojada tripulación era comandada por un sabiondo terrícola: el profesor A.G. Memelovsky; nadie sabía con exactitud su linaje pero, el acento delataba sus orígenes en la parte oriental del que acostumbraban llamar Viejo Mundo. Justo después de que éste terminara de pasar lista a su fauna acompañante, el multiepopéyico Popotito 22, esa nave volante despegaba sus borceguís del suelo para perderse allá a lo lejos, poco a poco, hasta ser un destello más del estrato espacial.

Por Marinero Sideral Beele / Abril 2015


We're charging our battery
and now We´re full of energy...
We´re functioning automatic
and We´re dancing mechanic...
“The Robots”. Kraftwerk.

Con esta imagen proyectada entre bobinas, filamentos, ánodos y cátodos, los entonces domésticos mega-tubos de vacío que mi padre insistía en llamar cinescopios, los Burbujos presentaban la Odisea semanal. La atmósfera y los sonidos no hubieran sido los mismos sin una musicalización y ambientación dignas y a la altura de semejantes hazañas. El ya sexagenario Juan García Esquivel fue el idóneo para tal proeza, una formación ingenieril albi-grana (Instituto Polictécnico Nacional IPN), experiencia joligudense y su virtuosismo imaginativo, ambientaron los primeros capítulos de los replicantes del espacio Odisea Burbujas, eso sin descartar la composición del grandilocuente tema central del programa. Acordes como sonidos espaciales, gritos de rayos láser, derrapones de navíos cósmicos, motores astronómicos, eran el pan de cada día para darle sonido a cada trama: un mezcla entre no ficción y ciencia ficción ponía en aprietos a los protagonistas que para nuestra sorpresa no eran los mencionados acá arriba, sino que eran personajes de la historia solar del tercer planeta o bien, para abundar en eso de la ficción planetaria, también tomaban libros de fantásticos cuentos donde literalmente eran lanzados entre sus hojas para materializarse en medio del cuadrante cuentista.

Proveniente de la misma zona geografía (con clave intraterrestre Mx) que el galardonado explorador interestelar Dr. Rodolfo Neri Vela; El Almirante García Esquivel mostró cualidades melódicas desde cachorro humano, apenas su planeta completaba 14 vueltas a la estrella central desde el nacimiento del Héroe planetario, y ya sus dedos  hacían vibrar la dentadura del pianoforte en una central de ondas Hertzianas de su planeta, la afamada XEW contaba entre sus operadores con el multi-instrumentista.

Nuestro navegante espacial ascendió rápidamente rango a rango, de  simple Grumete a Marinero y posteriormente a Segundo Maestre Galáctico, este grado le fue otorgado justo cuando a sus  6570 días de bitácora de vida terrestre, tomó las riendas de su propia tripulación, alrededor de 2 decenas de congéneres planetarios eran sus subordinados; el recién ascendido llevaba la batuta de una orquesta, la suya propia. Es en esta época cuando decide enrolarse dentro de los comandos Albi-Granos; la alianza Pública del Instituto Politécnico Nacional fue su Alma Máter, en dicha Academia (creada a la voz del General Sideral Lázaro Cárdenas del Río) formó parte del escuadrón de la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (ESIME), mismo que le otorgó las bases para renombrar su rango, no solo en una ocasión sino en un par de ellas. Durante su adiestramiento alcanzó los honores para ser Primer Maestre Espacial y terminó su entrenamiento en el IPN con el grado de Teniente de Corbeta Cósmico.

Posteriormente con su experiencia y el adiestramiento ingenieril Astral, comienza a realizar sus primeras investigaciones experimentales sonoras. Cronológicamente hablando, para la primera mitad de la vigésima centuria terrestre, las ondas sonoras eran grabadas y transmitidas dentro de un solo canal; solo un micrófono recogía todas las frecuencias acústicas pero, para el entonces Primer Maestre esto no era suficiente en sus resonantes ambiciones, así que comenzó a experimentar grabando independientemente canal por canal,  posteriormente los agrupaba, mezclándolos todos juntos, siendo un pionero en experimentar fonogramas jamás escuchados en todo su sistema planetario. Esto le valió un par de barras más en su insigne galáctica, el orgullo lo sellaba con su frente hacia el solitario astro mayor de su planeta. Con singular rapidez había llegado al cargo de Capitán de Corbeta Planetario. Misivas congratulaciones interoceánicas llegaban a sus manos; el propio Príncipe Dakkar (bajo la clave intraterrestre Capitán Nemo) redactó y firmó de puño y letra una de las epístolas anunciándole sus respetos y felicitaciones.

Poco a poco a oídas y voces, los rumores de los éxitos sonorámicos llegaron de polo a polo del planeta hidroforme, así que una vez alcanzado estos blasones y para su sorpresa, el Capitán fue pretendido bajo secreto de Estado por las Brigadas Celestes de los Estudios Universal (importantes comandos de la zona con clave intraterrestre iu-es-ei) para que formara parte de su tripulación como científico emérito, con miras a explorar y reutilizar su experimentación sonora. La zona Mx dejó de representar un reto para su ingenio y decide aceptar la invitación para formar parte de las filas en el  mencionado comando.

Una vez dentro de las Brigadas Celestes, su experimentada sapiencia logra dar frutos en secretas expediciones interplanetarias. Ahora que algunos archivos han sido desclasificados por los comandos de los Estudios Universal, se sabe que tuvo participación (aunque no es claro cuáles fueron sus ejercicios) en infinidad de batallas intergalácticas bajo los nombres clave de: Miami Vice, la Dimensión Desconocida, los Picapiedra, los Ángeles de Charlie, el Hombre Nuclear, Magnu, Alfred Hitchcock presenta, Fuera de este Mundo, Viajeros en el Tiempo... solo por mencionar algunas. Cuando decide darse de baja en su servicio para la zona iu-es-ei, nuestro titán ya había sido nombrado Vicealmirante Espacial.

A Mediados de la segunda mitad de la vigésima centuria terrestre, su insigne Patria Mx lo recibe y premia poniendo a su cargo una nueva misión, esta vez intraplanetaria. Con el nombre clave Odisea Burbujas. El Vicealmirante Esquivel tomó las riendas del nuevo proyecto sonoro, el resultado fue transmitido bajo ondas electromagnéticas y recibidas cinescópicamente a nivel zona. Sobra mencionar el éxito de dicho proyecto, aún hasta nuestros tiempos se habla de sus épicas aportaciones. Al siguiente ciclo solar le es dado su último y mas alto rango: Almirante Juan García Esquivel. Pocos eran los que vacilaban en no llamarlo por su cargo y nombre completo.

A finales de la centuria antes mencionada, el Almirante sufre un accidente en una misión secreta aún sin desclasificar, de la cual se me prohíbe hablar bajo pena de muerte pues, el Área Mx lo tomaría como traición a la Patria. Dicho Accidente lo deja sin la posibilidad de usar sus extremidades inferiores, postrándolo hasta el último de sus ciclos lunares en una silla antigravedad (al que le gustaba llamar sillón Doppler), artefacto de su propia invención; el Doppleriano mueble deambulaba sin tocar el suelo rebotando melódicos sonidos a unas frecuencias estratosféricas que para el oído antropoformado eran como un susurro cósmico.

En estos momentos aún cuento con algo de lucidez después de que mi cuerpo ha sido invadido por una espora atómica, la Konzumerismus Robota se aloja en la sesera del huésped y según me explica mi médico de cabecera (nunca mejor dicho) y amigo  el Dr. Karel Čapek no hay nada más que hacer. Poco a poco mi cerebro dejará de ser una especie de masa carnosa y suave para convertirse en rejillas de silicio de la cual se alzarán femtométricos transistores y bulbos. Completada la automatización, mi memoria no me dejará viajar más allá de unos cuantos segundos previos; mi entidad corpórea dejará de actuar con naturalidad y espontaneidad para no responder mas que a estímulos del mercado, establecidos y no pensantes.


Pero todavía recuerdo a mi mentor. Con añoranza apenas logro clasificar sus cintas magnéticas desde este que ahora es mi laboratorio, pero no hace mucho le perteneció. Pareciera que Megahertz se agruparan para materializar una especie de silueta borrosa y su ingenio volviera a sus deslisantes dedos entre parlantes, pianorads, staccatones, moogs, prophet 5s y uno que otro theremin. Iluminado, soñador, genio inventor de los imposibles, logra no solo imaginar lo nunca antes sonorizado, su humildad hace compartirlo con nosotros los mortales. Musicalizó y ambientó nuestras intergalácticas fantasías, su potentada diestra comandó la batuta por la cual la ciencia ficción nos hizo saber a que sonaba Él, el Infinito.