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Año 2 | No. 7 | 2015.

| Mundos paralelos

Espiritualmente cada ser humano es como un diamante sin pulir, con varias caretas y cada una muy especial y específica, la personalidad nace no sólo de lo aprendido ya viene con nosotros impregnado en nuestra alma desde antes de nacer.

Por Itzel Santos | Abril 2015


Y si a todo eso le agregamos un circuito en donde podemos vivir en mundos paralelos las posibilidades se extienden hacia el infinito, creando tramas a manera de telarañas o de sistemas existentes unos adentro de otros, los cuales interactúan constantemente pero sin la posibilidad de poder tocarse y contemplarse de frente unos a los otros.

¿Lo habían imaginado alguna vez? ¿Suena descabellado no? Suena a  puritita ciencia ficción, pero lo fantasioso se le quita cuando encontramos que la idea de mundos paralelos se mezcla con ciencias exactas a las que pocas veces contradecimos, en este caso se mezcla nada más y nada menos que con la Física Cuántica, ciencia que se encarga de estudiar fenómenos que no se pueden ver, pero que finalmente son posibles, gracias a la mínima existencia de partículas, es decir de materia.

Los mundos paralelos, son (según las teorías) esas otras realidades que se crean desde una toma de decisión, con otras posibilidades a elegir, y se expanden como eco de versiones hacia un número interminable de posibilidades.

Es decir, supongamos que tenemos vacaciones y dos grupos de amigos nos invitan a salir de viaje a distintos lugares, la teoría marca que esa posibilidad que dejamos, en otro mundo paralelo siguió corriendo y de allí se derivarán otros tantos mundos… La teorías también señalan, que es muy posible que los mundos paralelos no sean copias del de nosotros, y que sólo contenga los mismos actores, pero con realidades mucho, muy distintas a la que estamos viviendo, es decir que existamos, pero con otro nombre y una vida totalmente independiente.

Esto me recuerda dos libros, uno de ellos de Ray Bradbury (1920-2012) y sus Crónicas Marcianas”,en la que justo aborda el encuentro de dos mundos y dos realidades distintas, con personajes distintos, pero con un entorno igualito, el relato se llama Encuentro nocturno, uno de mis favoritos por cierto.

Otro libro muy recomendable es, “El mundo de Sofía” de Jostein Gaarder,  en el que se plantea la pregunta ¿Cómo saber sino somos también el producto ficticio de alguien más? De ser así, seríamos un mundo paralelo aparentemente con vida, pero totalmente ficticio, muy en la onda fílmica de MATRIX o el ORIGEN.

En fin regresando a la teorías más fidedignas, he de comentar que físicos como Einstein se vieron de cierto modo atraídos por estas posibilidades, este genio incluso propuso una ecuación llamada “Ecuación del Campo", la cual serviría para proponer la posibilidad de que la entrada a esos mundos son justo los hoyos negros, en donde la materia y el espacio crean una curva que permite que lo que entre allí desaparezca del plano físico, en donde originalmente se encontraba situado, y que aparezca en otro. Hay que decir que esta teoria suena bastante creíble, en la medida en que se ha observado como esos grandes devoradores oscuros se han comido galaxias enteras que nadie más vuele a ver nunca, pero que no se tiene la certeza de que hayan sido destruidas en medio de esos remolinos galácticos.

Podríamos ver esta idea  de existencia de multiuniversos de manera un tanto más científica, incluso avalada por las investigaciones de universidades prestigiadas como la de Griffith en Australia, o podríamos ligarlo a una nueva concepción influida por la filosofía Budista e Indú que nos habla de algo más espiritual, como la reencarnación y la creación de distintos universos por obra del dios Mahá- Visnú, quien al entrar en un profundo sueño de meditación respira y crea múltiples universos materiales, en donde somos insertados según nuestro avance espiritual.


La vertiente que deseemos seguir, de cualquier manera nos colmará de múltiples posibilidades, lo grato es dejar que el espíritu haga lo propio y se abra a nuevas preguntas que nos fortalezcan y nos hagan crecer, aunque no sea posible, al menos en esta vida, el salir del plano material en el que residimos en el presente, tan sólo creer que otras realidades son posibles, debería motivarnos hacia el conocimiento.