marnuj

Año 2 | No. 7 | 2015.

| Sexo Ficción

Las relaciones humanas son sumamente complejas, no importando estrato social o edad, aquí aplica muy bien aquella frase trilladísima que dice, “cada cabeza un mundo”, y es que es tan difícil ponerse en los zapatos de otros, no sólo en los sentimientos sino también en lo puramente sexual, que incluso sino se tiene claro lo que se busca de un lado y del otro, ambas situaciones se pueden confundir y a veces hasta en relaciones tormentosas y desequilibradas, termina uno por andar mezclando ambos sensaciones y ello no quiere decir que no se puedan complementar en dado momento, pero para ello debe haber mucha claridad en lo que se necesita como individuo.

Por Itzel Santos | Abril 2015


Actualmente la tecnología nos ha avasallado con sus millones de bits de los cuales se desliga un infinito información. En los últimos 35 años hemos avanzado horrores, tanto para bien como para mal,  el mundo se ha globalizado y se ha ido perdiendo en todos lados la identidad que se tenía algunos años atras, para ser un algo amorfo, que por si fuera poco, depende de los acontecimientos, cual camaleón se mimetiza con las demás realidades no importando cuántos kilómetros las separen,  adoptando  de todo un poco para perderse en la inmensidad de la nada.

En el sexo lo tradicional nos sigue gustando, pero luchamos constantemente por encontrar situaciones que nos desembrollen de la cotidianidad y le impriman más emociones y adrenalina a esta práctica, para muestra basta notar que tan común es andarse cachondeando mediante chats calientes o mejor aún, mediante fotografías personalizadas enviadas vía WhatsApp, las cuales bien podrían sustituirse con revistas o películas porno, pero el caso es que son especiales de quien las envía para quien las recibe, ello quiere decir que en el fondo lo que seguimos buscando en medio de tanta revolución es algo sentimental, ese algo que nos da un nombre y una identidad, sin dejar que nos convirtamos en un número o un código de barra más.

Hasta cuando jugamos a tener una vida paralela en el ciberespacio mediante comunidades virtuales como el INVU, que estuvo de moda hace algún tiempo, allí nos mostramos mediante una caricatura como quisiéramos ser y podemos tener encuentros sexuales en los lugares más INN del planeta, mediante escenarios que compramos con puntos y lo mejor sin el riesgo que implica la promiscuidad real, es como hacer una película de acción con escenas eróticas animadas.

Pero eso de crear dobles virtuosísimos y de echar a andar la imaginación mediante los chats, no són las únicas prácticas existente para tener ciber sexo, existen otras más sofisticadas y menos al alcance de todo el mundo, pues se trata de juguetitos llenos de sensores, lo que implica un costo más elevado, además de la disponibilidad de que estos ya hayan llegado al país en donde vivamos.



Esos juguetitos, en alguna marca nombrados como Zeus y Era, tienen la ventaja de poderse conectar con otra  persona, no importando en que parte del mundo se encuentre, si cuenta con los mismo aditamentos y una red Wi-Fi. Se trata de enchufarse para trasmitir y recibir las sensaciones placenteras mediante movimientos y descargas eléctricas que emulan los movimientos que el otro lleva a cabo, este kit se descontinuo en el 2012, pero aún en algunos lugares de España se sigue vendiendo. Este simpático juguetito está diseñado para hombre y para mujer según quien lo vaya a usar y se adapta perfectamente a los genitales de cada quien, así que la distancia ya no es un  pretexto para no satisfacerse en conjunto con alguien más.

Y con eso de  la adicción a los celulares. El año pasado también salió una aplicación que al adquirirla incluye un juego de prendas especiales, ya sea para hombre o para mujer, mismas que tienen la función de trasmitir pequeños impulsos eléctricos, de un cuerpo al otro obviamente ambos participantes deben tener la misma App  para poder intercambiarse unos cuantos toquecitos de paradisiaco placer.


Finalmente esto sólo nos acerca a la ciencia ficción y a algunas corrientes que han existido desde hace varios años, que se mezclan no sólo con lo imaginario sino con el avance de las tecnologías como lo es el Cyberpunk, corriente literaria, cinematográfica y actualmente muy recurrente en el manga Japonés, mediante la cual los seguidores y creadores de ella en sus relatos muestran a las máquinas como una extensión del cuerpo humano.

Un ejemplo de ello es el manga japonés Ghost  in the Shell, mediante el cual el autor Masamune Shirow, creó a un personaje femenino que sólo tiene el recuerdo del ser humano que alguna vez fue. Sus neuronas y su cerebro es el de un ser humano, pero todo su cuerpo es de un ciborg, cuerpo al que su creador  dota de cierta capacidad de goce sexual que sólo puede compartir con mujeres, porque sólo las características de ellas le permiten activar sensores para que ella pueda tener reacciones sexuales, es como si poseyera un traje  de pies a cabeza que se estimula a distancia como el de la App del celular que hemos mencionado.

Pero no toda la ciencia ficción aplicada al sexo, la muestra como algo que se pueda exaltar o estimular, en varios casos lo mejor es omitirla como en la novela de George Orwel, 1984, en donde en el afán de tener un absoluto control sobre las personas ha sido creada la “liga antisex”, que hace parecer a las personas lo más asexuales posibles, con sus monos (trajes) que tratan de disimular los contornos reales de la anatomía de los cuerpos, que además poseen un claro emblema que simboliza castidad y horror ante los actos sexuales que son meramente instinto que rebaja a la estirpe humana.

Para todos los gustos existen enfoques  de abordar el sexo en la ciencia ficción,  aunque como hemos visto cada vez esas utopías se encuentran más cerca de nosotros y habrá a quienes les guste experimentar y también quienes prefieran el contacto natural de piel con piel que incluye variedad de sonidos, texturas y olores que, de ninguna otra forma se pueden percibir y almacenar en forma de recuerdos.