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Año 2 | No. 10 | 2015.

| Nietzsche y la música

La historia cuenta que el músico del periodo barroco Jean Baptiste Lully -compositor de cabecera de la corte del rey francés Luis XIV- después de una representación de Opera Bufa fue sorprendido comiendo en frente del rey, entonces el rey preguntó:

“-¿Lully, tienes hambre?
-Si su alteza, tengo hambre. Desde que no lo hago bailar siempre tengo hambre.
-
¿Usted no?” 

Por Pablo Linares | Diciembre 2015


"Hay que estar siempre ebrio. Nada más: ésa es toda la cuestión.
Para no sentir el peso horrible del Tiempo,
que nos quiebra la espalda y nos inclina hacia el suelo,
 tenemos que embriagarnos sin parar.
¿De qué? De vino, de poesía o de virtud,
como quieran, pero embriaguémonos.”
Charles Baudelaire

Sin lugar a dudas, este dialogo nos muestra que la mayoría de la producción musical y artística desde el periodo renacentista hasta nuestros días, se vio limitada por la razón occidental, por el hombre moderno, en donde el texto reforzado por la melodía ganaba cada vez más terreno, apelando más al gusto; olvidando el vibrar corporal y dejando de lado esa experiencia artística que no nos habla de las cosas, sino que nos habla de nosotros mismos.

De esta forma será necesario preguntarnos: ¿Cómo es que la música sale de los límites determinados por la modernidad occidental? ¿Qué músicas logran apartarse de la fila? y lo más importante; ¿Cómo es que el arte y en específico la música son una posibilidad para soportar la realidad?  En su libro El nacimiento de la tragedia el filósofo y músico alemán Friedrich Nietzsche  parece darnos la respuesta: “La música alemana, cual hemos de entenderla sobre todo en su poderoso curso solar, desde Bach a Beethoven, desde Beethoven a Wagner.” y a mi juicio, también el propio Nietzsche quien desde su concepción musical, filosófica y artística vislumbrará la música del futuro, una música para iniciados que nada tiene que ver más con la verdad, sino con la  experiencia, es decir, armonías que nos hacen: “Ver la ciencia con la óptica del artista y el arte con el de la vida.”

“DEL FRAGMENTO EN SI” O DE LA MÚSICA QUE AFIRMA LA VIDA

Así pues, acercarnos al pensamiento musical Nietzscheano es asistir a un encuentro con la diferencia, con las músicas de la repetición y en específico con una música del olvido como lo señala la doctora Carmen Pardo: “Una música que haya olvidado, que no venga de la memoria.” ¿Pero olvidar qué? Sin lugar a dudas los límites planteados por la forma musical ya delimitada por la escucha de melodías, es decir, formulas musicales tan acentuadas en la producción musical, las cuales privilegiaban el gusto y formaban una escucha de la razón. Es en esta música del olvido donde el filósofo de Röcken canta: “El individuo con todos sus límites y medidas se sumergió aquí en el olvido de sí propio de los estados dionisíacos y olvidó los preceptos apolíneos.” Y es justo en la tragedia griega que estos personajes dejan de ser lo que eran originalmente como lo señala el pensador Jorge Juanes: “Lo apolíneo y lo dionisíaco pierden su identidad; ahí se empatan y dan lugar a una nueva figura; que no es lo uno ni lo otro, sino justamente una complementariedad, la cual se da siempre irresuelta, que se da en la experiencia trágica.” Experiencia que es excesiva, excéntrica, una experiencia del vibrar de la vida y del mundo: “En donde lo apolíneo es penetrado por lo dionisíaco, lo apolíneo asume el exceso, no lo destruye, lo encausa. Al ser integrado lo dionisíaco por lo apolíneo, el exceso deja de ser un exceso, a lo que llamará Nietzsche lo bárbaro dionisíaco –Un exceso destructivo un exceso irrefrenable- y encuentra en Apolo un encausamiento.”   De esta manera  se quiebra el límite del principio de razón, se apuesta por el cuerpo y la naturaleza para olvidarse del yo, de la verdad y así perderse para volar por los aires.

Con “El fragmento en sí” obra del también filólogo compuesta en 1871,  sin duda alguna prefigura la música que vendrá, música como la de Claude Debussy, Erick Satie, Luigi Rusollo, Julián Carrillo, John Cage, Miles Davis, el Blues, el Jazz, el Funk y hasta el Punk. ¿De que manera lo hace? Aunque podamos decir que es una obra convencional para su época, concebida a manera de coral;  con una estructura de 20 compases y a manera de fragmento, Nietzsche no nos cuenta nada, no quiere representar imágenes y mucho menos hacernos sentir algo; sólo nos hace entrar en la experiencia de la repetición, del trance. Es una obra que juega y va de los ¾ a los 4/4, es decir, rítmicamente no es fija, las notas las deja resonar y por instantes el tiempo parece retrasarse;  también se sale de la clásica fórmula en que hay que resolver a la tónica, al centro, al “yo”; muchos dirán que deja inconclusa la obra, pero no, no resuelve, lo quiere dejar así a propósito, es una idea musical que apunta a salir del límite, y bueno la anotación al final de la partitura como lo explica Carmen Pardo es demoledora: “…es da capo con melancolía, es decir, la obra se podría estar repitiendo una vez, diez veces, una hora, dos horas, un día, un mes, un año, etc…, es una música anti-memoria, la música del olvido para dejar que la música sea en sí.”

Y si la vida esta constituida por vínculos secretos como lo afirma Jorge Luis Borges, parecería que el compositor francés Claude Debussy, mucho más joven que Nietzsche escuchó su obra musical o mejor dicho lo leyó, pues sus Arabescos, están inspirados a partir de la primera vez en que el compositor escucho la música Gamelán,  en una de las ferias internacionales de Francia. Sin duda alguna, el pensamiento del filósofo intempestivo se comenzaba a hacer presente en las vanguardias artísticas, dando paso a una producción y escucha musical excéntrica en donde se deja  a un lado la música culpable (de la moral, del gusto) para entrar en una música de la inocencia (del cuerpo), pues como afirma Jorge Juanes: “La excentricidad es una diferencia de Nietzsche con los románticos. Pues a la excentricidad, a la alteridad se llega justamente tras una experiencia corporal.” Y a Claude Debussy siguieron por ejemplo Erik Satie quien con su obra Vejaciones se encuentra resonando con Nietzsche pues recordemos que Satie quien no tiene una escucha de la música del filósofo para esa época, concibe esta pieza de igual forma; un pequeño fragmento el cual se va repitiendo constantemente, sin embargo, el sí acota:  da capo 840 veces. Es sin duda que estos autores nos llevan a pensar ya en una música atonal, en donde la importancia ya no está en la tonalidad sino en el intervalo, en la experiencia del entre, del ser vibrátil que ha desaprendido a andar (tiempo pulsado) para aprender a volar (tiempo no-pulsado).

Es de esta forma que la propia música de Nietzsche, se logra alejar del lo que él llamaría “..el curso solar de la música alemana de Bach a Beethoven y de Beethoven a Wagner.” no para rechazarlas, sino para pensarlas y ejecutarlas desde otra escucha. En donde el propio Nietzsche deja de ser alemán para ser europeo, es decir, descentralizar el “yo” para disolverse con la música y así dar paso a Claude Debussy, Erick Satie y John Cage quienes dan un brinco fuera de ellos mismos y los límites de la creación. Sin embargo nos explica la doctora Pardo: “También hay música del olvido tonal” y es que el siglo XX generó nuevas posibilidades a partir de la tecnología, el blues, el jazz y el rock también serán músicas que hagan salir al artista de su centro pues no olvidemos que el blues y el jazz también podrían estar girando incluso sobre un mismo intervalo durante años, mejor dicho por Miles Davis: “El tema en el blues y el jazz sólo es un buen pretexto para improvisar.”

 ¿Y qué es improvisar? Es sin duda dar un salto fuera de si mismo, es el azar, no se sabe que va a pasar, entramos a un tiempo eterno el cual nos saca del tiempo medido, pulsado, el tiempo de la modernidad y sobre todo dejamos hablar al gesto, a los sonidos, a los ruidos, a los silencios, balbuceamos, ya no hablamos. La música entendida de esta manera se apodera de nosotros, es una vía diferente una medicina para los tiempos modernos del progreso y la razón. No anteponemos nuestra interpretación, sino, sólo somos el medio para que esa fuerza se exprese y hable por si misma, en si misma. O como bien dicen Gilles Deleuze y  Felix Guatari: “Uno se lanza, arriesga una improvisación. Improvisar es unirse al Mundo, o confundirse con él. Uno sale de su casa al hilo de una cancioncilla. En las líneas motrices, gestuales, sonoras que marcan el recorrido habitual de un niño, se insertan o brotan “líneas de errancia”, con bucles, nudos, velocidades, movimientos, gestos y sonoridades diferentes.”

Así Nietzsche, con su obra musical “El fragmento en si”, apunta a nuevas direcciones contra el muro musical, nos abrirá un poco la puerta a su modo de escribir y hacer filosofía: “Es mi ambición decir en diez frases lo que todos los demás dicen en un libro –lo que todos los demás no dicen en un libro.” Mostrándonos  que: “Cantando y bailando manifiéstase el ser humano como miembro de una comunidad superior: ha desaprendido a andar y a hablar y está en camino de echar a volar por los aires bailando. Por sus gestos habla la transformación mágica. Al igual que ahora los animales hablan y la tierra da leche y miel, también en él resuena algo sobrenatural: se siente dios, él mismo camina ahora tan estático y erguido como en sueños veía caminar a los dioses. El ser humano no es ya un artista, se ha convertido en una obra de arte.”

Es por medio de estás músicas del olvido y estos actos creativos que Baudelaire y Nietzsche cantan:

“¡Es hora de embriagarse!"
“Para no ser los esclavos martirizados del Tiempo,
¡embriáguense, embriáguense sin cesar!
De vino, de poesía o de virtud, como mejor les parezca.”

 

BIBLIOGRAFÍA
- Delleuze, Gilles y Guattari, Felix, Mil Mesetas (capitalismo y esquizofrenia), [Trad. de José Vázquez Pérez con la colaboración de Umbelina Larraceleta], Ed pretextos, España, 2010.
-Juanes Jorge, Territorios del arte contemporáneo, http://territorios.podomatic.com
- Nietzsche Fiedrich. “El nacimiento de la tragedia”. Madrid, Alianza Editorial, 2003.
- Pardo Salgado Carmen. Música del olvido, apenas un parpadeo entre Nietzsche y Cage. http://ru.ffyl.unam.mx:8080/jspui/handle/10391/3929
- Universidad Nacional Autónoma de México. Nietzsche su música. Disco compacto, México, 2002