marnuj

Año 2 | No. 10 | 2015.

| Venado Azul. Viaje Místico

Para los huicholes, el Hikuri es el espíritu de un abuelo, el que con sabiduría y paciencia enseña, no sin algún merecido regaño.

Salimos de Matehuala e inmediatamente tomamos el primer camión que se dirige a Estación Catorce, de ahí tomamos el jeep colectivo que nos lleva hasta Real de Catorce y ahí encontramos hospedaje.

Por Dnakane | Diciembre 2015


La razón por la cual venimos aquí, es porque hoy vamos a cazar el venado o mejor dicho recolectar peyote para su consumo. Accederemos a nuestro ser original, nuestro ser superior, ese pedazo de conciencia, nuestro pedazo de dios.

A pesar de tu cerebro animal, tu ser material cambiará su fuerza de vibración y podrá percibir otras energías por las cuales podrá vibrar sin necesidad de la materia.

Hay un momento en el que sí puedes decir, que estas en otro lado.

REAL DE CATORCE

Llegamos al desierto, y a pesar de que el gobierno mexicano permite el consumo del peyote en los rituales, contratamos un guía que nos llevará por los caminos más seguros ya que la policía y los militares, solo andan buscando al turista distraído para picarle los ojos y sacarle una buena mordida por andar de peyotero.

Pero nosotros lo hacemos con todo el cuidado y respeto posible, sabemos que es la herramienta que te permite hablar con Dios, misma que te lleva al mundo de los espíritus.

Cuerpo y alma pasan por un proceso para poder estar listos para consumir, la purificación de la carne y el pensamiento que facilitan la forma para entrar a otro estado.

Recrean la historia que le dio vida a esta tradición persiguen a su víctima, el siervo azul; el mítico siervo azul, los cactus se vuelven dioses.

En el amanecer de los tiempos un cazador huichol, con lanza en mano acechaba a un siervo, aventó la lanza pero falló, el ciervo salió corriendo por el desierto, tras su paso, dejo unos pequeños cactus, ellos habían matado a su Dios. Y su Dios los bendijo transformándose en peyote.

El chamán sabe cuál es el lugar donde nace el peyote, la tierra del siervo es sagrada, por eso somos cuidadosos al recoger el cactus, enseñándonos que debemos dejar siempre la raíz, para que pueda regenerarse. Al cortarlo pido perdón por hacerlo y le agradezco la gran ayuda que me brindan. Supongo que cada quien tiene su forma de hacer un ritual, siempre y cuando se respete y se le brinde el culto deseado al poder mágico que anda en todos lados.

Con la mente y cuerpo purificados nos  preparan para comer el alimento que llama a los Dioses, el  legendario alucinógeno y su forma natural de expandir la mente. 

El peyote normalmente se come crudo, aunque también se puede mezclar con fruta y ser comido, o bebido en té o infusión. Pueden ser ingeridos frescos o en su defecto secos para un uso posterior. La dosis estándar es de dos a tres peyotes medianos o grandes.

Nos preparan un plato con 4 pedazos mezclados con gajos de mandarina, nos explican que la fruta es para disfrazar el sabor tan amargo que posee el tío. Un viaje sensorial, donde se entra al mundo de los espíritus y conoces a tu Dios; tu Dios deja de ser algo temible, tu Dios con el que puedes hablar y donde puedes estar en paz.

Poco a poco comienzas a sentir los efectos, comienzas a sentirte diferente, puedes sentir una percepción diferente a la que estás acostumbrado, estás más sensible y receptivo y enrolarte rápidamente en una situación sentimental puede pasar en un santiamén.
Así las etapas empiezan a manifestarse, debes dejar que tome control para que llegue el ciclo  donde ya no te aburres,  porque te encuentras en todo, sientes y conoces la energía del ser, recorriendo todo tu cuerpo mortal.

Te empiezas a sentir más liviano como si pesaras 5 kilos. Todo cambia, todo es lo mismo.

Conforme pasa el tiempo el cuerpo rechaza el cactus, vomitas, llega esa divina digestión, aquella donde tu cuerpo dice:
No manches Güey, no tengo porque digerir esto.

Entonces, saldrá de tu estómago en cualquier momento y en cualquier lugar.  Obvio, después de absorber toda la mezcalina que tenía que absorber.

No hay un modo predecible para estimar la cantidad de mezcalina que contiene cada peyote. La cantidad es determinada por la variedad, el tamaño y la edad del vegetal. Los efectos del peyote duran entre 10 horas y 3 días. A las 4 horas se experimentan síntomas similares a los producidos por el LSD.

Entonces si la percepción ya era diferente, ahora lo es más, empiezas a viajar. Así que después de la guacara, el mundo es diferente. Tienes pensamientos retrospectivos acerca de tu trabajo, familia, amigos; la vida en general.  Empiezan a manifestarse ideas con imágenes caleidoscópicas, que si pones atención te responderán hasta la pregunta más personal que tengas.

Ya estas instalado (trepado en el viaje), entras en introspección y te transformas, inician las alucinaciones pequeñas. El momento donde todo explota por completo, ha llegado.

Todos los sentimientos y todo el contexto revienta; es cuando empiezas a hacer preguntas, preguntas que el Sr. Hikuri responde.

¿Dónde estoy?
¿Que soy?, ¿qué es todo esto?
¿Qué me paso?, ¿porque?
¿Yo?
¿Tu?
¿Él?
¿Todos?


Si alguien más te ve solo te verán como un güey tirado en el desierto, pero estas hecho uno con todo, desintegrado, te entregas y te pierdes a muchas cosas.

El viaje  es inexplicable. Un mundo de imágenes se despliega al cerrar los ojos, todo vuelve a cambiar y el miedo llega, el miedo a perderte o morir te invade, te hace suyo; al mismo tiempo una fuerza especial te llena, te abraza fuerte en su manto celestial, te susurra al oído miles de secretos, y  te grita que no tengas miedo, que te entregues,  y solo cuando estás dispuesto a perderte en el terror, se te brinda el don de saber y sentir.

 

Dudo mucho que pueda recomendar algo que se vuelve tan personal.
La sensación inigualable se vuelve un mantra, te hace eco en la cabeza y en la vibra que generas.

No soy huichol, ni biólogo,
Ni nada parecido,
Pero dudo mucho que aunque lo sea, pueda explicar esta experiencia.