BOOMBOX
LOS BUENOS

El asistir a una fiesta Sonidera es presenciar años de evolución y mestizaje social, cultural y desde luego acústico. Es innegable que El Sonidero tiene un anclaje primigenio en los llamados “Sound Systems” Jamaiquinos de la década de los 60 (del cada vez mas olvidado siglo XX); estos saun sistems estaban formados por varias bocinas conectadas a una fuente de poder y una tornamesa, los cuales eran manipulados por el Selector (Sellectha para abundar en el caló jamaiquino), lo que de este lado del trópico de Cáncer conoceríamos como Di-yei (D.J. “gracias” a la influencia occidentalizada de la música). Es así como el poseedor de dichas herramientas compartía por los poblados compases de la música (en ese entonces) netamente regional: Reggae, Dub, Ská. De esta manera el populacho de aquellos lares se daba la oportunidad de pasar un melódico rato frente a las bocinas que escupían los cadenciosos ritmos afrocaribeños.

Por Beele.

…y es el turno del sonido
Sonidero, ¡pura sensación!

Eo. Café Tacuba

En un inicio del Sonidero fue para el Chilaquil de finales de los años setenta, algo así como el franciscano evangelizador para Mesoamérica, gracias a él la sociedad citadina del Distrito fue encontrando nuevos grupos con ritmos ajenos a lo acostumbrado. Lo desconocido causó pura sensación, dando lugar a una complicidad entre el importador (el Sonidero) y lo importado (cumbia colombiana). Comenzaron a tomar fama y sentido Sonidos como: Sonorámico, Condor, Pancho de Tepito y desde luego la Changa; este último es de los más representativos.

El Sonidero forma parte del paisaje sonoro del territorio chilango, sobre todo bajo el manto noctámbulo de la urbe, el escenario por demás propicio y enigmático de la Ciudad (que puede ser desde un salón hasta la calle misma) se ve plasmado de una precaria instalación para comenzar el ambiente. Grandes bocinas, cables torcidos que las conectan a las fuentes de poder y mezcladoras, tornamesas, cajones con vinilos… son los principales aparejos que se utilizan para el jolgorio; mismos que si bien no son de la mejor calidad o no han sido tratados con clemencia, son las herramientas más adecuadas para un Sonidero y su grey. Golpes, rayones y abolladuras nos dan la oportunidad de atestiguar las mil y una batallas por las que han pasado las grandes bocinas (los bafles para agregarle caché al asunto) contrario a la ignominia, son heridas de guerra conquistadas con “sobreméritos” noche tras noche, bailongo tras bailongo; armas de lucha con la que los asistentes esperan envolverse bajo el entorno del “sonido”.




La fiesta Sonidera es un encuentro para las clases populares de los DeFectuosos. Lugar caótico, donde los espectadores desbordan el espacio (en ese momento) público con la oportunidad de fundirse en el anonimato que otorga el agasajo noctívago. Los aventurados al zapateo se apropian del área, la hacen suya, amasan bajo sus pies lo que será en unos instantes la pista de baile, en ese momento lo que fue (hace solo unas horas) el arroyo vehicular, la fábrica abandonada, el callejón… muta misteriosamente bajo los incansables pasos de los que disfrutan echar el guaracazo cumbianchero. Aunque la cumbia es el género que se apremia para este tipo de festividades, también podemos encontrar (en menor medida) Sonideros que cuentan solo con rock en su repertorio.

Sí, el ambiente Sonidero es anárquico, es el tiempo y el espacio que se resignifica paso a paso, canción tras canción, donde la anomía festiva encuentra su caldo de cultivo, no hay reglas, solo existen el desfogue musical y la invitación irrechazable a sacudir la polilla. Fuera de reglamentos y dentro de mutaciones constantes, la pista de baile (que según el lugar y la cantidad de asistentes, puede ser una gran explanada o un resquicio de medio metro cuadrado) se ve reutilizada, más allá de los círculos alrededor de los bailadores mas chichos o populares, se encuentran también las personas que dejan a un lado el ritmo caribeño (apropiado ya como un subgénero mexicano) y se centran solo en el ambiente festivo que gira entre la gente. No todo mundo baila, hay quien deambula entre la asonante perrada en busca de la morra o el ñero que llene el ojo del observador caminante, el ligue hace acto de presencia, la banda popular, la ralea también tienen su coranzoncito.



Debido a su carácter popular este tipo de eventos se organiza en colonias no de la jai (high) sino en colonias de clase media-baja principalmente, zonas donde es común encontrar narcotienditas* (puntos de venta de drogas al menudeo); la fiesta no escapa a este hecho, todo lo contrario, se permea por el ambiente de la colonia, calle o zona en que se encuentre. Así también los congregados Sonideros hacen uso de su entorno; mota, pastas, chochos, coca, solventes son también invitados al guateque sensorial, como un aditivo que acompaña a la grey Sonidera.

 

 

 

*En CHilangolandia estas clandestinas “boticas” contemporáneas no son exclusivas de las zonas populares, también las podemos encontrar (para sorpresa de muchos no iniciados) en colonias popof (pop-off).







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