Pachucos, cholos y chundos, como bien dice la canción de Café Tacuba, forman parte del alfabeto contra cultural de nuestro amado y contaminado Distrito Federal, donde se desplaza y diversifica con el paso de los años y en el entorno social. Aquí, la contracultura se forma por el hambre de manifestarse y expresarse, lo cual generó importantes y grandes movimientos sociales.

En su momento Octavio Paz expresó que “despetar a la historia significa adquirir conciencia de nuestra singularidad”, pues cada generación anda en busca de una identidad a través de tribus que enarbolan una estética particular, ya sea un discurso o una ideología pero siempre con el fin de encontrarnos y de entendernos.

En este texto, trataremos de resumir aquellas contraculturas que marcaron por años a generaciones por sus ideales, actitudes y vestimentas; así como aquellas que renacieron y las nuevas contraculturas en el país.

Para iniciar, hay que entender qué es la contracultura.

De acuerdo con varias versiones de sociólogos, la contracultura es un paradigma que nos permite comprender el devenir de expresiones culturales alternativas a un sistema. O bien, son todas aquellas acciones y tendencias que van en contra y chocan con las reglas que ya están “establecidas” por algunas masas.

En México, uno de los principales símbolos de este término se refleja en lo que conocemos como los Pachucos, ellos eran jóvenes de ascendencia mexicana en Estados Unidos y vivieron una severa explotación, marginación y discriminación; por ello “establecieron al barrio como su patria y a las calles como su territorio nacional”, expresa José Agustín.

Dado que la comunidad afroamericana vivían condiciones relativamente semejantes, no es de extrañar que los pachucos adoptaran la forma de vestir de los jazzistas que se ponían holgados trajes, pantalones de pliegues en la cintura; sus sacos eran largos, de amplias solapas y grandes hombreras, así como corbatas anchas y zapatos de charol.

Además, algo que también los distinguía era su forma de hablar, una combinación entre inglés y español que denominaron “espanglés” un caló del sur que los distinguió en la época.

“El fenómeno de los pachucos fue un fenómeno contracultural en varios aspectos: lo protagonizó gente joven y baile que lo identificaba. Propuso un atuendo, caló, música y repudio al sistema que a su vez también lo rechazaba”.

Nunca hay que olvidar que la contracultura es sinónimo de música inaudita, pues la contracultura encuentra en los sonidos un nuevo lenguaje y sobre todo una expresión.


Uno de los principales antecedentes para los contraculturales como los rebeldes sin causa es sin duda el rock, cuya base esencial es el blues.


“El blues representa el punto de vista de los afroamericanos, de ese sentimiento de rebeldía y una nostalgia inconsciente de una vida interior rica y profunda”.

Y bueno el Rock en México llegó a finales de los 60 y principios de los 70; mientras que el punk nace simultáneamente en Inglaterra y Estados Unidos, en un contexto de pobreza ocasionada por los niveles altos de desempleo, escaso progreso económico y el descontento de la juventud. Los jóvenes encontraban en el rock una forma de liberarse y de vivir.


El Festival de Avándaro en 1971 fue una de los clímax más importantes de la historia del rock en México; sin embargo, también fue su perdición por una ola mediática que los difamaba, incluso dicha época se llegó a conocer como “la década perdida del rock”.

Quizá una de las bandas que sobrevivió a esa represión fue Three Souls in my Mind, que ahora es El Tri, cuyas canciones como “Abuso de autoridad” y “Chavo de onda” retrataban la situación política y económica en la que se encontraba el país.


Pero la clandestinidad de bandas de ese tipo mantuvieron la llama encendida de la contracultura del país, pues el rock tomó fuerza y creó sus propios espacios conocidos como “hoyos fonquis” y fue en los 80 en que resurge el rock en tu idioma marcando a cientos de generaciones que viven y sobreviven con el alma rockera.


La diversidad de la contracultura ha ido cambiando de diferentes maneras, cada vez existen mezclas y diferentes formas de expresarse con el fin de dar a entender esa diferencia con los demás.

En México hubo de todo un poco, hippies, beatniks, lolitas, punks, chúntaros, indies, emos, metaleros y de más. Brincándonos un poco al tiempo, si bien las cosas parecen cambiar drásticamente, enla actualidad nos encontramos con diferentes “contraculturas! Que para muchos rockeros solo es pura mama… y fresas sueltos. Y en este caso ubicaremos a los Hipsters, como una contracultura pero con calidad de vida, pues si bien a los ricos también no se les puede negar que piensen y critiquen al sitema. En los años 40, un grupo de amantes del jazz y la vida bohemia se desarrolló en los barrios bajos de Estados Unidos.


Estos personajes ya hablaban de una liberación sexual, eran jóvenes de clase media con vestimenta color pastel , extraños cortes de pelo y siempre una libreta en mano. Con el paso del tiempo, los hipster se distinguían por escuchar música no comercial, gustos por el cine independiente y el arte emergente. Eligen con extremo cuidado el estilo de vida desde su comida hasta los accesorios.


En nuestro contaminado y mestizo DF, en las colonias Roma y Condesa se distingue a estos personajes, incluso uno de cada tres transeúntes que pasan es hipster, aunque su moda se ha masificado y lo “cool” se les terminó.


Con esto podemos no concluir pero al menos dar una idea de lo que es la contracultura, la cual no hay que olvidar si bien inició con gente de muy escasos recursos, también la contracultura puede ser para aquellos bien acomodados, es decir, la contracultura es simplemente una forma de ser.







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