LOS OCULTOS
EL LIBRERO

Wiston Churchill decía “Los pueblos que no conocen su historia, están condenados a repetirla”, sabias palabras de uno de los más importantes políticos británicos. Aunado a ello  me viene a la mente la grandeza del cine, el cual  no sólo ha sido una caja de sueños, pues nos muestra historias que nos crean empatía y nos hacen reflejarnos en los personajes, en los paisajes y en situaciones. El cine a mi parecer, es una herramienta antropológica que lo queramos reconocer o no, siempre reflejará el contexto del momento en que fue creado el filme, ya sea por la trama o por las técnicas utilizadas.

Y el Chilango, ¿dónde queda dentro de todo este rollo? vaya  para comenzar, ¿quién es el chilango?

Por Itzel Santos.

Para muchos el chilango es la figura  que se queda grabada en la mente de los turistas como un modelo generalizado del típico mexicano, pero ¿cómo es ese personaje?  Luis Alcoriza lo retrata a manera de parodia en su película “Mecanica Nacional”, al intentar plasmar a una sociedad mexicana desquebrajada ante la nueva modernidad de los años 70´s,  que aunque parezca lejana, aún encaja muy bien en el contexto de hoy día; no por nada esta película filmada en 1971 y estrenada en septiembre de 1972, ha sido y sigue siendo celebrada por todo aquel que se diga amante del cine y que estudie un poco el de nuestro país.

Mecánica Nacional nos muestra con crudeza los modelos a seguir en una sociedad mexicana, desde los adolescentes que desobedecen a sus padres buscando la oscuridad para dar rienda suelta a sus pasiones, hasta los ancianos que son ignorados, y qué decir de la figura del típico macho mexicano; ya no con sombrero, vestimenta de charro y pistola a la cintura como el modelo de la década de oro del cine mexicano, pero al fin y al cabo macho mexicano, ingenioso por naturaleza para hacer del albur, el cantinfleo, la crítica mordaz y  la doble moral sus eternos compañeros, en donde el género es la única llave que permite abrir ciertas puertas como la de los amores de un rato y por lógica no es bien visto cuando quien osa abrir esas puertas es  una mujer.



Por ello y mucho más, este material filmográfico es bastante recomendable  para quienes deseen viajar en retro a través de imágenes y parodias, para encontrar  que a pesar de haber transcurrido  casi 42 años la ciudad de México y las personas que habitan en ella tienen bastantes similitudes no importando la brecha generacional, pues podrán deleitarse con escenas que romperán aquellos mitos y sino me creen, les bastará  la escena en donde existe un tráfico infernal cerca de la Torre Latinoamericana en la que los personajes que se ven envueltos en dicha situación rápidamente perderán el juicio al son del primer clapsonaso, las palabras altisonantes no se hacen esperar y saldrán de sus bocas cual vapor de olla exprés,  situación que no será ajena para quienes tengan auto o  se trasladen  en transporte público, pues estas imágenes lejos de remitirnos a 1971, nos teletransportarán a cualquier lunes por la mañana en nuestra bellísima ciudad capital.

Esta película sin lugar a dudas es toda una joya, muestra la decadencia económica a través de diálogos sobre la comida, enseña el verdadero carácter de competencia reflejado en el léxico altisonante, que por cierto, no es tan fuerte en comparación con la actualidad: wey era un insultazo, wey hoy en día puede ser nuestro mejor amigo.


Esta cinta se burla de  las preocupaciones que de profundas se vuelven superficiales, critica los entretenimientos que llegan al fanatismo - carros o pelotas rodando suelen parecerse a la hora de la trifulca y la celebración, también  señala  las prioridades en la vida, porque “madre sólo hay una”… Espía y deja al desnudo  las actitudes en caso de farra, de sexo, de egoísmo y nos engalana el  típico espíritu que tenemos los mexicanos  y en especial los chilangos para maquillar a la muerte y pasar de la tragedia a la comedia, del llanto al orgullo, de la caída a los cinco minutos de fama…

3,2,1 corre cinta…

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