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Año 2 | No. 9 | 2015.

| De música, dialéctica y polimerización

La avaricia lo mostró todo; inalcanzable saciedad, es la insatisfacción que ensancha su boca mientras más engulle. Encaminados por el atesoramiento, sabemos que poseer un simple quadrans solo abre las puertas para anhelar el primer denario y, una vez embolsado ese fierro no buscamos otra cosa mas allá que estrechar al multiacosado áureo. Sobre esos vaivenes monetarios navegaban los sabiondos al servicio del adinerado. Al alquimista lo empoderaban sus conocimientos, además de la codicia y la ignorancia de quien pagaba sus servicios. Estos antiguos chichos de la masa y la energía buscaron durante siglos su Magnus Opus, un algo que convirtiera cualquier metal en oro, eso que los conocedores decidieron enmarcar con el eufemismo mítico de: la piedra filosofal.

Por un polimerizado Beele | Septiembre 2015


Te degollaré con un disco afilado
de los Rolling Stones o de los Shadows.
Te tragarás la colección de casetes
de las
Shangri-Las  o de las Ronettes.
“Bailaré sobre tu tumba.” Siniestro Total.

Así es que entre sustratos de Alquimia y abonos de Hermetismo se dio la mata de lo que ahora conocemos como Química. Los alquimistas formaron el cenozoico del estudio de la materia. Jamás un Gerber o un Flamel imaginaron la dicha auditiva que una tripleta con bata blanca nos traería. Detrás de cápsulas de porcelana, gradillas y matraces con mezclas burbujenates y vaporosas, Regnault, Baumann y Ostrominlensky la menearon para descubrir, reproducir y estabilizar el policloruro de vinilo.

El disco de vinil es uno de esos objetos fetiche que el orgón del melómano busca para satisfacer su necesidad recopilatoria. El PVC ha sido el lienzo perfecto para el grabado melódico. Es la mejor manera de manosear nuestra música predilecta; las yemas de los dedos descubren las verdades de Fibonacci deslizándose entre los surcos del platillo, minúsculas estrías guarecen los secretos de ondas longitudinales, elástica sonoridad que solo el minucioso filo del zafiro, diamante o grafito pueden descifrar.

Por ello y por intereses del mercado (que sabemos que tiene nalgas de puta) nunca se ha dejado a un lado la impresión musical en este formato, hoy por hoy es una de las formas más redituables en que los músicos consolidados pueden vender su música (fuera de los conciertos) y, para muestra los datos duros: en el 2013 se vendieron más discos de vinil que en los últimos 20 años, además que para el consecuente año las ventas aumentaron en más del 90%. Para la desgracia de la exclusividad, la industria musical redescubrió el sabor, el caché y la nostalgia de poseer esas circunferencias uniagujereadas.

Los artistas se han centrado en la dinámica de ofrecer algo mas allá de la música y modificar nuestra percepción del citado formato. Aunque no se aplique para todos, el disco puede ser el resultado de esfuerzo, virtuosismo, sangres, sudor, lágrimas y demás líquidos chorreantes.

Los güeros de los Flaming Lips en el 2012 sacaron a la venta el “The Flaming Lips and Heady Fwends”, un doble elepé con la colaboración de músicos amigos. En el tiraje se incluía una edición limitada que costaba la graciosísima cantidad de 2500 caras verdes de Yorch Guaxinton (¡vamos! lo que la prole mexicana trae en la bolsa derecha), su valuación la daba la mezcla de PVC, trombocitos, leucocitos y plaquetas. Chris Martin, Sean Lennon, Jim James, Erykah Badu, Brian Gibson y demás colaboradores dejaron fluir su sangre para dar lugar al macizo coctelito hemovinílico.

Eohippus, un grupo que le da a una de tantas ramificaciones Jazzísticas,  impregnó en todo sentido una de sus publicaciones con la esencia dorada de cada uno de sus integrantes. La équida agrupación decidió lanzar en el 2014 un sencillo de 45RPM con 100 ejemplares al que llamaron “Getting Your Hair Wet With Pee” que para la aprobación de los amantes del diálogo de Teeteto desde luego contenía cabello y orina de sus intérpretes. Por supuesto se podrá decir mucho de estos Jazzeadores pero, nunca de engañar a sus seguidores con promesas falsas ni de faltar a “la verdad” ¿verdad, Platón?

Dentro del Black Metal la banda Noruega Mayhem ha dejado huella, no solo por su paso musical sino por lo que le imprimían a sus discos. A Per Yngve Ohlin (con el atinado apelativo de Dead)  alguna vez vocalista de la agrupación se le considera el iniciador del corps paint. Este retraído y sombrío personaje cometió suicido sin la ingesta de nembutales y sin seguir ningún otro malconsejo de J. Rangel; él prefirió la practicidad y la certeza que da volarse la cabeza con una escopeta. Para  “suerte” de sus más-pero-neta-más fervientes seguidores, la escena final fue fotografiada por Euronymous (guitarro de la banda) y después usada como portada de su disco en vivo “Dawn of the Black Hearts”. Una diferenciación muy gráfica entre “Black” y “Death” metal.

Pero el mero “Yo soy aquel” para esto de la polimero-ambrosía  y dejando a un lado lo escatológico que pueden llegar a ser los fluidos corporales, es Don White, Jack  pa los cuates. Este se voló la barda con las características de su mas reciente disco: Cuando finaliza el lado “A” la aguja piruetea permanentemente en un lup sin-fin (tal como lo predijo el profeta G. Adrián C. Clark en su parábola “Disco Eterno”), además ese lado se reproduce de adentro hacia los cantos del disco. Por debajo de las etiquetas centrales de cada costado existen pistas escondidas. El lado “B” cuenta con dos introducciones a las cuales se les atina a ojo de buen cubero pero, en algún punto se adhieren a la canción. En el centro del lado “A” se puede observar el holograma de dos ángeles que solo es visible angulando nuestra vista frente al disco. La conjunción de estas características en un solo disco nunca se había visto, haciendo al rifadísimo “Lazaretto” el non plus ultra de las vinilidades.

Para aquellos que disertan entre dejar las cenizas del abuelo junto a la lámpara donde se la pasaba leyendo el Lágrimas y Risas, o acompañar al pez caca y esparcirlas en las cristalinas aguas de Caleta (donde conoció a la abuela) o simplemente rociarlas entre la cocaína de los nietos, And Vinyly nos ofrece una costosa solución. Esta empresa europea se dedica ofrecer grabaciones de no más de 12 minutos por lado en un vinil mezclando los restos pulverizados de ese ser al que queremos mantener girando. Resignificando la frase “¡ah qué no tocas a ese muerto!”.

Las exquisiteces y excentricidades musicales como la  realidad, se construyen socioculturalmente y, los objetos de placer (o no) solo existen mediante el uso y significado que se les dé en la especificidad del momento; incluso se podría decir que “los algos” dejan de serlo cuando ya no son usados o no se les vuelve a ver. Es un salto de “fe”, dar pasos a ciegas y confiar en que todo seguirá siendo como siempre ha sido, que al dar mi siguiente zancada el suelo seguirá siendo tan firme como para empujarme en dirección, magnitud y sentido apuesto a mi masa; que si se me ocurre dispararme con una  escopeta mi cuerpo pondrá toda la resistencia habitual posible a los proyectiles y floreará mi rostro entre un licuado de carne, fluidos y huesos; que mi “Amor y Cumbia” de Don Rigoberto T. García mañana podrá seguir tocando “En Las Estepas del Asia Central”. Nos afianzamos confiadamente en una realidad dialéctica que nos preexiste; en sus caprichos nos hace saber que un vinil no solo es un disco sino el mejor sustituto para la guillotina, el mas adecuado suplente para la bacinica, el fugaz objeto del deseo, la justa urna fúnebre  o el apropiado portarretratos para recordar al amigo suicida.