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Año 2 | No. 9 | 2015.

| Novela Gráfica

Posicionada como una poderosa e influyente forma de comunicación artística, la novela gráfica ha logrado cambiar la idea popular de que el comic, es solo para niños (o geeks disfrazados), ofreciendo a los lectores  un nivel de calidad literario que le abre las puertas como una nueva forma de arte gráfico, no apto para menores.

Por Fernando Solares | Septiembre 2015


Quiero que recuerdes mi mano sobre tu garganta…
Quiero que recuerdes…
Al  hombre que te venció…
Batman. The Dark Knight Returns

Pero realmente, esta hija  de la literatura y el arte no es tan nueva, de hecho, la primera vez que se utiliza este término de Novela Gráfica fue en el año 1948, en España, cuando se publica la colección "La Novela Gráfica", de Ediciones Reguera, que dio a conocer las mejores novelas de la literatura mundial en forma de historieta.

Posteriormente, en la década de los 80, el término se utiliza comercialmente para diferenciar a los comics dirigidos al público infantil, de los escritos para jóvenes y adultos, los cuales contenían  temáticas más audaces, tal es el caso de “Maus” del artista Art Spiegelman, la cual cuenta la historia de su familia judía durante el holocausto. Esta historia, en la que los ratones son judíos y los gatos son nazis, es considerada iniciadora del boom de la novela gráfica.

Desde su publicación, su éxito comercial no ha declinado: sólo en su país de origen ha vendido más de medio millón de ejemplares, a los que se suman los cientos de miles leídos en otros idiomas. Asimismo,  esta obra de Spiegelman, ganó el premio Pulitzer para una novela gráfica en 1992, transformando en buena medida la idea que tenemos de lo que puede ser un comic.

Cosa de Niños.

Pero las grandes editoriales no podían quedarse atrás, así que de 1982 a 1988, la casa Marvel  sacó al mercado una seria de novelas gráficas de la mano de algunos celebres autores como J.M. Dematteis, Bill Sienkiewicz y Frank Miller, este ultimo también colaboró con DC Comics en la publicación de “The Dark Knight Returns”, en la cual Miller retrata las andanzas de un Batman anciano en una sociedad  indeseable, donde los superhéroes sirven a los fines del estado y Batman se convierte en una especie de rebelde.

En este punto es importante mencionar “Watchmen”, de Alan Moore y Dave Gibbons, la cual es considerada la novela gráfica de súper héroes más exitosa de todos los tiempos.  Incluso ha ganado el Premio Hugo, que se concede a novelas de ciencia ficción y fantasía, siendo el primer y único comic en conseguir este premio, lo que le valió entrar a una lista de la revista Time, como una de las mejores 100 novelas británicas desde 1923.

Estas joyitas de la gráfica, lograron llamar la atención del mundo, quien hasta ese momento veía a los comics como entretenimiento creado solo para niños, y lograron elevar el medio a un nivel más maduro de la literatura, el cual marcó el comienzo de la popularidad de las novelas gráficas como una forma de literatura que realmente se diferencia de los comics convencionales, donde los héroes son un ejemplo de virtud, siempre perfectos.

Pero no todo es miel sobre hojuelas con estas novelas gráficas, los críticos las han acusado de dar a luz una corriente de comics sombríos y arenosos, cargados de violencia explicita y contenido sexual al límite de la decencia (puristas).

 

¿Y México, Pa’?

En nuestro país el camino no ha sido nada fácil, de hecho se podría decir que la novela gráfica ha sido menospreciada, a pesar de que historietas como Kalimán tenía un tiraje de 1 millón semanal y Memín Pingüín de alrededor de 600 mil, se les relegó e, incluso, se les negó el derecho de autor, frenando por mucho tiempo la industria del comic en México.

Pero actualmente se vive una revolución en el comic nacional, la nueva narrativa gráfica ya no se compra en los puestos de periódicos, sino en las librerías, lugares como Gandhi, El Sótano y El Péndulo ya cuentan con secciones especializadas que ofrecen, al menos, una decena de propuestas gráficas nacionales.

Y esto se debe a que este género literario a despertado el interés de los editores, que no solo han importado novelas de otros países, sino también han emprendido la publicación de historias 100% mexicanas, escritas e ilustradas por creadores nacionales, apostando por un género que antes era visto con desdén, por considerarse un género menor.

Quizás la novela gráfica más vendida en el país sea Uncle Bill, de Bernardo Fernandez (BEF), la cual vendió 6 mil ejemplares en menos de medio año, según la editorial Sexto Piso. Y aunque no existen datos precisos de cuánto ha crecido la novela gráfica en México, se estima que las novelas, Pancho Villa toma Zacatecas, de Eko y Paco Ignacio Taibo II, y La calavera de cristal, de BEF y Juan Villoro, han vendido más de cinco mil ejemplares cada una, así como Diario de Oaxaca, de Peter Kuper, más de cuatro mil.

Pero sin duda, Operación Bolivar de Edgar Clément, es considerada como el parteaguas para la novela gráfica mexicana. Y esto se debe a dos grandes razones: La primera de ellas es, sin lugar a dudas, el trabajo visual del maestro Clément, donde el dibujo, la pintura y el collage se mezclan en estas páginas de una manera que a primera vista pudiese parecer caprichosa o caótica, pero una vez que uno se sumerge en la historia es claro que todo forma parte de una idea muy clara de parte del autor. La segunda es la riqueza de ideas que uno encuentra detrás de la historia.

Apuesta de riesgo

Pero la editorial Sexto Piso no es la única produciendo Novela Gráfica, editoriales como Océano, Alfaguara, Altea, Jus, Turner y El Colegio de México se han dejado seducir por esta forma de arte gráfico editando libros de gran formato y en pasta dura, a cuatro tintas y con una impresión de primera.

Por su parte, el sello editorial Resistencia, le apuesta dese hace varios años a la novela gráfica nacional. Tiene 28 títulos a la venta y ha publicado a autores de culto como Manuel Ahumada, José Quintero y Edgar Clément. Los números de Resistencia se han disparado en un 50 por ciento. En 2007, sus tirajes de novela gráfica alcanzaban mil ejemplares. Ahora llegan a los 2 mil. Antes se publicaban uno o dos libros al año; hoy, hasta seis.

Es tanta la creciente popularidad en nuestro país, que los apoyos a la novela gráfica mexicana han provenido hasta de organismos públicos. Hace algunos años, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), lanzó a través de su Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA), un programa de becas para dibujantes, lo cual ayudo a detonar el boom del género. Incluso la novela gráfica Los bandidos de Río Frío, con historia original de Manuel Payno e ilustrada por Francisco Haghenbeck, ha tenido una aceptación muy grande por parte de la Secretaría de Educación Pública (SEP), hasta el Conaculta apoyó en su edición.

Y así, poco a poco la novela gráfica va ganando terreno, no solo en nuestro país, sino en todo el mundo, y aunque aún falta un gran camino por recorrer cada vez se consolida como una propuesta de alto nivel artístico, con temáticas destinadas a un público más culto y más exigente, que no solo busca a los super héroes de moda. Porque no es un comic, es novela gráfica.