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Año 2 | No. 9 | 2015.

| Saber que es-co-ger

El secreto yace en la afición que guarda un grupo reducido de personas, siempre procurando el engaño para no descubrir la clandestinidad de lo sabido. Cofrades reservan con celosía la intimidad que en ciertas circunstancias puede estar al margen de la normatividad. Esto pasa con las Parafilias, la sexualidad que se encuentra al margen de lo aceptado, entendernos inmersos en ellas es pertenecer y reencontrarnos en un grupo sectario con las mismas aficiones por resguardar.

Por un ruborizado Beele | Septiembre 2015


“En todo encuentro erótico hay
un personaje invisible y
siempre activo: la Imaginación".
Octavio Paz.

 

Sabernos adeptos a una de estas aficiones es asaltar nuestra intimidad, conoceros a partir de lo apenas descubierto. Escenarios imprevistos reescriben en una película sin guion la reinvención de uno mismo. En la intimidad que se da por costumbre en muelles y esponjas rebotantes (una cama, un sillón, un auto, la alfombra) se resuelve el deseo y lo deseado, lo que puede ir más allá del cuerpo ajeno, los objetos y situaciones aprisionan nuestra atención entre el vaho del calor y la fatiga final.

El autoconocimiento es el anonimato que uno guarda celosamente para esos momentos de intimidad, las aficiones no aceptadas popularmente brotan como burbujas hirvientes en actos y circunstancias que nos envuelven entre lo encubierto, la sorpresa y la satisfacción. Descubrimos la genialidad en la pequeñeces del placer, de ese placer más etéreo y genuino ¿es el gusto que se le da al cuerpo tan efímero y aprisionante como lo es, “aventarnos un polvo” a la cara? Justo a un paso de la convencionalidad sexual se encuentran prácticas que no son para el deleite de “todos”.

Por lo general se relaciona al placer sexual con la firmeza que proporciona la excitación de un pene lleno de deseo penetrando las cavidades de quien nos recibe con entusiasmo, los fluidos resultantes pasan a ser una consecuencia, no el acto mismo. Para los aficionados a la Clismafilia los líquidos son los invitados de honor que lograrán la excitación cúspide, el anfitrión es el ano de quien recibe por medio de cánulas y perillas líquidos estimulando en específico ese refugio entre jugueteos del acto sexual. Un caballito doble, ¡hora sí, la última y nos vamos venimos!

Hay ocasiones en que una penetración resulta innecesaria entre la intimidad lúdica de la pareja, trío o mitin, bastan rigurosos roses entre los cuerpos deseados, labios, lenguas y dedos fluyen sobre el erotismo carnal. En ciertas circunstancias se sustituyen esas extremidades o apéndices con la rigurosa falta de alguna extremidad. Los Acrotomofílicos se rinden ante el deseo de miembros amputados de quien los acompaña en la cama, prefiriendo la falta de carne para la satisfacción de la propia. Entre muñones te veas.

Se sabe que los orificios corporales resultan ser conductores idóneos para la excitación: un beso en el que se reconoce una lengua ajena grabando el deseo entre la saliva propia, puede ser el mejor preámbulo para  bajar ese flagelo que sobresale entre vocales por los blancos pechos de quien encarna el deseo, seguir la humedad como guía justo para anclarnos en la palidez del mármol que enmarcan sus piernas en un cunilingus que solo mengua hasta el satisfecho flujo de sus rosados labios. En este sentido los orificios están para recibir y ser penetrados; los gustosos por la Urolofilia y Coprofilia no piensan así, lo que mejor hacen esos antros es excretar las heces que serán el objeto del deseo cuando se les huele, toca y  paladea en un Saturnal aureo-marrón.

Sabiendo que los actos sexuales son parte de una intimidad compartida, las personas procuran lugares familiares y sobre todo un tanto aislados: un cuarto de hotel, la recámara, una cocina solitaria, una biblioteca en México. Se prefiere mantener el sigilo mientras entre brazos, piernas y comisuras se confiesa al cuerpo externo. Entre los que comparten la Agrexofilia, su deseo va in crescendo cuando se saben escuchados por quienes no los acompañan cuerpo-a-cuerpo en la habitación, algo así como un exhibicionismo sexo-vocal. ¡Más fuerte que no nos van a oír!


En nuestra época los estándares de belleza se sobre explotan, internando en nuestros gustos cánones que dicta por lo general el comercio; si no bien se habla de trata de blancas, si de personas quirúrgicamente perfectas intentando vendernos la bebida más refrescante, la película más boba, el perfume que mejor cautiva,  la ropa más coolera. Entre todo este aquelarre de subjetividad y banalidad existe un remanso para los que son complacidos por un buen tema de conversación. Los Sapiosexuales son personas que se dejan atraer por la capacidad intelectual ajena. Su gusto y atracción por el otro avala la premisa: “La inteligencia también seduce” sin responder a los estereotipos de belleza previamente establecidos. Sí, no es tan guapa pero, tiene bonita letra.

El deseo apartado de la convención es retoño en tierras salitrosas, encontramos un caudal que fluye con fuerza de madre natura arrasándolo todo y, que solo deja humedad e impresión mientras uno recupera paulatinamente el oído. Un firme zumbido lejano penetra poco a poco hasta el fondo de una dilatada audición y la consecuencia es de quien ha disfrutado en carne propia. Uno abre los ojos solo para dar cuenta del caudal que ya ha pasado, la parafilia y el desenfreno magnético han sido en el placer del objeto, situación o acto: justo entre el placer y la vergüenza encontramos la satisfacción de lo no aceptado.

De alguna manera las Parafilias son transgresoras de lo establecido, de la moral que rige en una época, se entra en actos de los que se prefiere mantener el secreto. La sexualidad se comporta bullanguera y guapachoza mientras se abre paso entre el misionero y el orificio en la sábana blanca para que de un doble salto mortal invertido vuele entre látigos, enemas, castigos, prótesis, excreciones, cadáveres y, caiga plácidamente de a capirucho.