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KITSCH


Año 1,no. 6,2015.

| El Librero

Y en este número de Marnuj,  no podíamos dejar de abordar  en las letras una recomendación kitsch, pues no existe cosa alguna que la escritura no pueda generar ya que es parte inseparable de todo el pensamiento humano, así que sin remedio alguno estará presente en cada corriente o género imaginable.

Por Itzel Santos / Febero 2015


Para comenzar debemos aclarar a que corresponde la palabra alemana Kitschy, sin tanto rollo mareador diremos que ésta se ha vuelto un concepto que define las artes “hechizas”, cualquiera que sea su representación, es decir lo mismo la encontramos en la arquitectura, que en el diseño industrial, el cine, el arte y en este caso, en la literatura.

Esta palabra se utilizaba por allá de 1885, para nombrar a las copias de arte cuya intención de creación era el  de dar estatus a las nuevas clases sociales de “alto rango” que  iban surgiendo, “los nuevos ricos” como popularmente se les conocería con recelo en las altas esferas.

Para 1930, la palabra se había popularizado y ya hasta existían bases teóricas que incluso llegaban a lanzar luz sobre  lo kitsch, que según argumentos de reconocidos teóricos como Adorno o Marx, de ninguna manera lo que fuese catalogado como kitsch podría considerarse arte, pues por principio no era algo revolucionario que se contrapusiese a los cánones existentes, sino que inútilmente trataba de imitar las buenas obras y a vista de todos gritaba su falsedad, ocasionando la carencia de contemplación espiritual que la obra de arte original sí contiene y de la cual  se nutre el intelecto de quien la apreciar.

Es decir una obra “hechiza”, no puede dejar una retroalimentación completa en quien tenga interacción con ella, puesto que le faltan elementos; para Heidegger, eso es quitar lo “cósico de la cosa”, en este caso la esencia de cualquier expresión artística  radica en poder sublimar el espíritu de quien la mira, la toca o la escucha, y al ser falso deja de ser arte pues le faltan elementos para sublimar el espíritu de quien sea su interlocutor, pero lo que sí puede hacer perfectamente es entretener, servir como una pieza ornamental.

Lo cierto es que, el hecho de que una pieza  no sublime nuestra alma ha dejado de ser una grosería enorme dentro de nuestra era post modernista,  ya que los cánones se han ido abriendo y modificando de manera natural, actualmente lo kitsch ya es más aceptado, no en su totalidad como arte, pero sí ha conseguido que se le reconozca  como una nueva forma de expresión que ya no busca exaltar ningún estatus, si no mostrar esa otra cara de la cotidianidad, y hay que decirlo a veces abusa de la parodia y se vuelve un relato  carnavalesco, el cual por cierto, ya no nos sorprende, pues en la época mediática en la que nos desarrollamos, lo atascado ya no se nota taaan atascado, aunque a veces aún crea un poco de ruido.
Al respecto, Humberto Ecco (escritor y filósofo italiano, experto en semiótica), comenta que, “lo kitsch tiene el efecto inmediato de ser meloso al instante” y si lo analizamos un poco él no erró el camino, pues una expresión Kitsch ya sea mediante sus colores, sus texturas, sus sabores, olores, sonidos, imágenes o narraciones por escrito, son en  exceso llamativas, lo que da paso a la saturación de los sentidos causando en nosotros, según nuestros gustos, un empalagamiento; aunque insisto, las nuevas generaciones ya no suelen asustarse con ello de tan bombardeadas que son día a día por los medios de comunicación, lo cual ha modificado su procedimiento de leer la realidad que les rodea, modo que dista mucho de la que tuvieron sus abuelos o bisabuelos, quienes quizá se pudieron asombrar con los inicios del cine, que además era mudo.


Y pasando a lo que nos truje, la literatura kitsch, bien podremos decir que esta es ostentosa y nos presenta mediante sus hojas una realidad fantasiosa, sin que sea considerada del género de ciencia ficción, y muchas veces podremos encontrar esta corriente en las pirámides de BestSeller que vemos en todas las librerías, pues lo kitsch, también tiene la caracterización de ser accesible y vistoso para todo mundo, es decir para las multitudes, y vende en exceso sin importar cuántas copias haya del mismo producto; en el caso de la literatura, una de sus características principales es que no existe necesidad de que sea un buen escrito, aunque puede haber sus excepciones.

Como lo es en el caso del libro que les recomendaremos en esta ocasión, el cual fue publicado en el año 2002 por la editorial Obelisco, su título es “Desayuno en Plutón”, del escritor irlandés Patrick McCabe.

Esta obra nos narra la historia de Patrick, un niño abandonado que crece en el seno de una familia adoptiva, quien después de algunos años se enterará que su madre sigue con vida, haciendo que huya de su pueblo natal, ya que tendrá dos motivos para muy fuertes para hacerlo, el primero es que se ha descubierto homosexual y el segundo que su padre es un sacerdote, ambas cosas imperdonables en su burbuja de vida.

Es así que como tsunami, sus emociones se volcarán de manera irremediable y él buscará encontrar su lugar en el mundo, ese que le ha sido arrebatado desde que sus padres decidieron que no tendría una historia definida al lado de ellos, así comenzará su travesía rumbo a Francia, es decir rumbo a su madre.

Esta  historia no sólo es una novela  dramático–cómica, pues quien se atreva a leerla podrá notar la saturación de sentimientos que alberga entre sus líneas que lo mismo los hará reír de manera hilarante, que llorar sin detenimiento de lo cruda que pueda parecerles, aclaro lo crudo va en tono de lo sentimentaloide, porque aquí no esperen encontrarse con el gore o splatter  en sus páginas.

Eso sí, si lo que buscan es lo kitsch, seguramente sus escenarios no los decepcionarán, ya que los hará adentrarse a la superficialidad mórbida que nos regala un mundo capitalista de doble moral, que no contiene tantos filtros, más que el pertenecer a los años 60, donde aún es sumamente reprochable que una madre pueda abandonar a su hijo sin remordimiento alguno, con tal de buscar la fama como una actriz Hollywoodense, digo “aún”, porque los tiempos han cambiado y hoy en día suceden cosas mucho peores, y de tan cotidianas, desafortunadamente ya no producen el mismo efecto emocional.

En fin, en esta novela, conforme vayan adentrándose en ella, irán descubriendo colores psicodélicos, mismos que con o sin drogas de por medio o entrelineas, los llevará de la mano a mundos surrealistas repletos de ficciones que alimentan la banalidad del espíritu humano, pero entre todo ello, también encontrarán la esencia espiritual que puede mover la vida de cualquiera: el amor.

Espero se animen a leerla, si les interesa y les agrada el tema, también pueden encontrar esta historia en película, el título es el mismo y el director es otro Irlandés, llamado Neil Jordan, que visualmente tampoco los decepcionará con la trama tan vistosa y kitsch-retro, que les ofrecerá a manera de película dramático-musical.

Y si no recuerdan a Neil, les digo que pueden estar seguros que lo que verán ha sido cuidadosamente armado, pues este director cuenta entre su historia la película de “Entrevista con el Vampiro”, que no se a ustedes, pero a mí me sigue dejando un buen sabor de boca en lo que a narración visual se refiere, además, claro está,  de que me agradan las historias de Anne Rice.


Bueno y si quisieran degustar otras películas de la onda kitsch, de las cuales por cierto no existe libro, es decir no son adaptaciones, bien pueden conseguir las siguientes:

Adán y Eva todavía
"Adá y Eva todavía"

Adán y Eva todavía
"Quién mató a la llamita Blanca"

Adán y Eva todavía
"Santitos"

Adán y Eva todavía
"The Rocky Horror Picture Show"

Adán y Eva todavía
"Más allá del Valle de las Muñecas"


Algunas de ellas también consideradas como cine de culto, de lo que espero en algún momento hablemos. Eso sí deben estar preparados para ver de todo, ya que algunas de estas pelis están sumamente locas y mezcladas hasta con parafilias.