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Año 2 | No. 8 | 2015.

| La muerte también es un carnaval

La vida es azarosa desde que pegamos el primer chillido hasta que dejamos de respirar, pero justo el momento de morir, nos apetezca o no, es lo único  que no se encuentra a discusión...

Por Itzel Santos | Julio 2015


Es por ello que la Muerte para algunos es un proceso en la vida, para otros un ritual, para algunos más simple simbolismo mágico y para muchos un instante al que temerle incluso un momento para desafiar y jugarse unos segundos más en un juego de ajedrez, muy al estilo de la película sueca de Ingmar Bergman (1918-2007) llamada el "Séptimo sello".

 Pero lo cierto es que eso a lo que nombramos muerte,  ni en la más absoluta oscuridad nos abandona; por ello no es raro que en todas las culturas de alguna manera se le reconozca e incluso de algún modo se le rinda homenaje.

En la India, quiénes son practicantes del hinduismo y del budismo, la muerte es un puente de liberación, que según el karma acumulado por sus actos en esta vida, será lo que les permitirá o no trascender a otros niveles de conciencia.

En Japón, de igual manera, la muerte es un momento rodeado o no de honor según los actos,  sin embargo en esta sociedad no existe la división del más allá como en la fe católica, que todo lo divide en dos máximas, “cielo e infierno”, los japoneses ven a la muerte como un proceso en el que las almas regresan al lugar del que han salido previo a su vida en la tierra, y en similitud con nuestro país tienen, un día para venerar a sus ancestros llamado "Oboon" y además a manera de reconocimiento para aquellos que ya no están en el mundo de los vivos, también suelen ponerles un pequeño altar con flores, comida e incienso.

Otra curiosidad de ellos para nuestra mirada occidentalizada, es el hecho de que representen el luto con el color blanco y  no mediante la oscuridad del negro, pues dentro de sus concepciones con la luminosidad de ese color se acercan al status de vacío, al cual trascenderá la persona fallecida  para sellar con ello el simbolismo donde, vacío llega uno a esta vida y  sin nada material se irá uno de ella.

Y es que la muerte es simplemente algo de conocimiento universal que se encuentra desde la antigüedad, hasta nuestros días, por ello desde las culturas antiguas como la egipcia, la griega y algunas más lejanas, se sabe de la existencia de sus ritos funerarios respecto a ella.

Y como es tan innato del ser humano, México, país surrealista por excelencia como lo denominara Salvador Dalí (1904-1989), no podría faltar a esta cita con la catrina, personaje altivo y elegante que en nuestra  cultura representa a la muerte,  creada por la mano del caricaturista de Aguascalientes José Guadalupe Posada (1852-1913), imagen que ha dotado de identidad a la señora bonita, la Muerte, aquella que en todo tiempo nos susurra al oído, sin decirnos con exactitud en qué momento nos dará un beso y nos tomará de la mano para emprender el viaje a su lado, así como a  Oliverio, personaje principal del la película argentino- canadiense "El lado oscuro del corazón".

México como ningún otro país la celebra con algarabía, quizá con un poco de llanto en el momento justo en que aparece, pero eso sí con jolgorio de comida, deleite gastronómico que en cada estado es distinto y especial para ese momento y claro con música igual de variada, ello simplemente para dar paso al camino de flores que se tiende en el camino para que ella y quien sea su acompañante, en ese instante con quien dejen atrás las penumbras y miserias de una vida mundana.

 México cada año celebra a la catrina, la verdad es que tiene varias fechas en el calendario del mes de octubre y noviembre, aunque las reconocidas de manera global son el 1 y el 2 de noviembre,  tiempo en el que el país entero se cubre de colores muy mexicanos como fiusha, rojo, verde, naranja, morado, turquesa, blanco, negro, amarillo, teñido en papel de china y picado hasta formar figuras maravillosas de flores y calaveras que se acompaña de olores suculentos como el mole poblano, los tamalitos, el chocolate caliente, el pan de muerto con sabor a naranja, canela o relleno de chocolate y nata y el olor a flores de cempaxúchitl, mano de león  e incienso de copal.


 Ambiente que se rodea de ofrendas, objetos en miniatura, velas, pisos de flores que se pueden encontrar en las calles, en las casas y en los panteones; donde los familiares de quienes ya no se encuentran entre los vivos, recuerdan a quienes se fueron y rinden homenaje a la Catrina; ya no  entre lágrimas, sino entre risas, dedicación y respeto. Muestra de ello en el “Defectuso” son los pueblitos de la delegación Tláhuac llamados TecomitlMixquic, donde todo se cubre de color, música y arte para deleite de quienes busquen por instantes estar suspendidos en el tiempo, situación que crea quizá la sensación de la nada de estar en el Mictlán, lugar de los muertos a donde TODOS iremos a parar en algún momento… eso sí, para regresar y estar entre los vivos el 1 o el 2 de noviembre, marchándonos bien comidos y bien bebidos, porque la chelita, el tequilita y hasta el pulquito nunca pueden faltar, y si suerte tenemos,  seguro hasta un tabaquito nos podremos echar.