marnuj

Año 2 | No. 8 | 2015.

La muerte es el primer móvil de la historia. El movimiento dialéctico de la potencia que mantiene en el Ser la Nada que constituye al hombre, es la historia (Kojeve, s/f).

Por Alfredo de la Mora / Julio 2015


Podemos observar, desde la dialéctica hegeliana a través de las interpretaciones hermenéuticas de Kojeve (1902- 1968), la síntesis que niega o crea el movimiento eterno del Ser y el devenir, y como la muerte tiene una influencia milenaria y mística que sacude los mismísimos cimientos  de lo terrenal y del siguiente paso o nivel después de lo desconocido.  Al respecto de esta última aseveración, identificamos a la acción de morir desde diferentes ópticas, que, en muchos casos, distan de contener un significado universal, coherente y espiritual para todos, cuestión relativamente ligada a la condición sociocultural del ser humano en diferentes tiempos y regiones del planeta, y que se manifiesta en demasiadas expresiones de dolor y angustia, pero también en algunas otras, como un alivio, una especie de iluminación o Nirvana.


No existe manuscrito en el mundo que pueda contener un tercio de las perspectivas y experiencias que nuestra especie haya registrado con respecto a la muerte. La religión ha sido por milenios la principal conciliadora entre el universo desconocido de la muerte y el tumulto mundano de nuestra existencia terrena, en algunos casos constatamos a través de un sin número de escritos antiguos, que la muerte es un estado de transición que sirve de vehículo hacia una realidad trascendente que se ubica más allá de nuestros sentidos, como en el nuevo testamento se advierte así: "Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá." Juan 11:25. Sin embargo otro tipo de literatura nos encamina hacia la percepción de esta transformación con la captación de los sentidos propios de nuestra plenitud viviente. Dante, por ejemplo, “mira” las almas que pagan sus pecados en los diferentes círculos del infierno.

 El estudio del universo, dentro de todas sus vertientes explicativas y comprensivas, está inmerso tácitamente en la conciencia del fin, es decir, en la idea de la muerte, sin embargo, aunque no es una cuestión que se aborde frecuentemente, nos hace pensar en las serias implicaciones teleológicas que vendrían a poner de cabeza a muchas interpretaciones causales en torno al escrutinio de la naturaleza social del ser humano, nos referimos a la necesidad que nuestra especie ha tenido desde que nos formamos una conciencia acerca de nuestro papel transformador del entorno, usando diferentes elementos objetivos y subjetivos producto de nuestra psiquis como el lenguaje, la escritura y el arte, ya que tales elementos son la forma en la que el ser humano a encontrado la manera de trascender a su eterno rival, la muerte.

Retomando un poco el concepto del fin, nos percatamos en este punto de la importancia que tienen las posturas teológicas, ya que para muchas religiones, como el budismo, la muerte no es más que una transición o un camino más a seguir; inclusive, todos los caudales del cristianismo tienen como base la idea de la resurrección en un sentido espiritual, empero, los dogmas en los que los cínicos y los fanáticos transforman estás ideas se convierten en corrupciones de las enseñanzas más profundas creando paradigmas difíciles de descifrar.

En otro ejemplo muy claro, y cercano, de cómo percibimos a la muerte, observamos en los viejos textos anteriores a la conquista de México, la importancia que tenían los sacrificios en el culto a la vida, la muerte y a los Dioses, en concreto, dentro de la cultura Mexicatl, obteniendo de los cronistas españoles, es su mayoría sacerdotes, una aberración hacia esta clase de prácticas paganas, a causa del derramamiento de sangre que estos rituales implicaban, siendo a la vez, que estos hombres de Dios eran testigos de las horrendas crueldades que la Santa Inquisición Española cometían en nombre de la cristiandad,  sin embargo, es conocido que entre la mayoría de las clases en la civilización Mexicatl, la muerte y por lo tanto el sacrificio eran aceptados e inclusive fomentados entre la población a causa de su naturaleza creadora y preservadora del equilibrio universal entre la vida y la muerte, la luz y la oscuridad.

La muerte es entonces creadora y destructora dependiendo de qué manera se le aborde. Sin embargo, esto no quiere decir que conductualmente podamos cambiar milenios de herencia filogenética que nos hace temblar ante la idea de la muerte y de las tremendas repercusiones que esta puede llegar a tener, poniendo de manifiesto la multiplicidad cultural del ser humano a decir de cualquier caso que nos venga a la mente en este momento, ya que sería imposible hacer un recuento siquiera de las perspectivas que uno sólo de nosotros pueda tener al respecto de la muerte en este breve texto.

Por lo general la idea de la muerte es evitada, por la mayoría de las personas, sobre todo de educación religiosa, paradójicamente, es mil veces preferible no pensar en algo como la muerte, suya o de algún ser querido, esto a causa de las obvias implicaciones que podrían sucintar un acontecimiento tan inevitable, pero a la vez, porque a lo largo de la vida del hombre también las formas de morir han cambiado y se adecuan al medio, provocando ciertos niveles de negación y aceptabilidad en la sociedad. A decir de la manera en la que se tiene en cuenta a la muerte, como entidad fenomenológica, esta puede transformarse y contraerse hasta formar parte de los preceptos humanos que la rebajan a una descripción como de “algo muy malo”, dejándonos con un inmenso vacío dentro, ya que un tema tan profundo merece por lo menos consideraciones más serias.

Definitivamente la muerte es y seguirá siendo, el martirio al que el ser humano siempre tenderá como receptáculo de su llegada a su pena, negación, evitación, miedo y dolor; muy pocas son las civilizaciones que tienen a la muerte en un concepto liberador y de continuidad en la existencia universal. A la sazón no decimos que la idea de la muerte deba cambiar en nosotros y que no debamos enfrentarla con lo único que tenemos, empero, pese a que el tema es místico y oscuro, esperamos que nunca nadie tenga la desdicha de experimentarla de una forma terrible, y por otro lado, sabemos que todos tendremos la dicha de caer en sus brazos tarde que temprano, esperando que sea grácil y reconfortante. ¿Usted es consciente de su propia mortalidad y la de los suyos?

"Nuestra existencia no es más que un cortocircuito de luz entre dos eternidades de oscuridad".
Vladimir Nabokov (1899-1977).