Revolución señores…, Salvador Allende dijo: “Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”; The Beatles en esa gran canción (sin ofender la sensibilidad expresiva de aquellos que no gustan de la música del cuarteto de Liverpool) exclamaban: “dices que quieres una revolución, bueno, todos queremos cambiar al mundo”; Víctor Hugo expuso lo siguiente: “Una revolución es la larva de la civilización”; Carlos Fuentes a su vez hacía la siguiente crítica: “Las revoluciones las hacen hombres de carne y hueso, no santos, y todas terminan por crear una nueva casta privilegiada”; incluso se ha dicho que el Papa Francisco I ha revolucionado “la moda del Vaticano” (no sabía que el Vaticano era una moda pero bueno); y se habla hasta de revoluciones industriales, que según todo esto ya estamos en la cuarta; y en otras circunstancias podemos escuchar la palabra en un contexto menos específico y nos han hecho saber que la revolución es hasta culinaria, musical, en las artes y también en la moda del vestir.

Por Alfredo César Mora López


A todo esto, adentrándonos al tema en cuestión, una vez más nos damos a la tarea de mencionar algunos de los humanos que han logrado alguna revolución desde su trinchera, del tipo que sea, atendiendo a algunas de las que mencionamos antes,  para esto quiero empezar con el tema que en lo consecuente tiene mayor importancia para un servidor, dados los acontecimientos de los últimos 493 años en México, nos referimos a la Revolución social, armada, ideológica y política.

Por ello quisimos introducir primeramente a el gran Benito Juárez (1806-1872), que si bien no participó en la Revolución mexicana que muchos ubican en un periodo de tiempo determinado, si ha sido el personaje mas emblemático en la lucha contra un sistema eclesiástico, dogmatico, opresor, ignorante y violento;  Juárez  luchó junto a otros grandes en esa interminable batalla contra el poderoso sistema de su tiempo, mostrando aguda inteligencia, preocupación por las clases sociales mas desprotegidas y un gran desprecio por la clase sacerdotal que tenía secuestrada a la nación, a la cual sumieron en supersticiones, miedos, abusos y que gracias a esto se regocijaron por siglos en opulencia a costa de haber acaecido todo lo anterior. Don Benito Juárez les declaró la guerra inteligentemente y logró, pese a que fueron pocos años, derrocar al régimen que destrozó los cimientos de una patria joven, lacerada y estigmatizada para siempre.

Cambiando radicalmente de escenario, literalmente hablando, ahora nos adentramos a los anales del arte más ecléctico y dominante de todos, la música. Frank Anthony Melby Iommi, el señorísimo Tony Iommy, guitarrista de Black Sabbath, que tras sufrir un accidente en su mano derecha y ver cortadas las puntas de sus dedos medio y anular, pasó por una serie de peripecias en la vida, que lo pondrían contra corriente y que al final lograse, por medio de algunas prótesis, continuar con su pasión. Encontró en una afinación poco común, C# (Do sostenido), una manera menos difícil de ejecutar su instrumento, ya que así las cuerdas están menos tensas, a la vez que encontró un sonido grave, oscuro y característico de la escena metalera. Ahora se le considera padre del metal, ya que muchos de sus riffs constituyen una base primordial característica del género y así revolucionó esa parte de la música, dejando un legado  para la escena metalera en todo el mundo.

Siguiendo con la tarea imposible de siquiera abarcar una mera introducción de este fabuloso tema, quiero referir a otro revolucionario en la historia, en esta ocasión, de la historia del psicoanálisis, el señor Carl Gustav Jung (1875-1961). Existe un mundo de información, fidedigna o no, acerca de este importante personaje del psicoanálisis mundial, sin embargo, en “la biografía oculta” que Richard Noll, psicoanalista americano, escribe de Jung hace menos de un par de décadas, Noll, describe a Jung como un revolucionario del psicoanálisis bajo términos muy controversiales, ya que estudia el contexto religioso en el cual se da esta condición de hombre-Dios que predomina en Jung a causa del ideal  alemán del “Völkisch” (la patria interior, el alma individual y “el pueblo” como concepto intemporal y sagrado), hasta el punto en el que él mismo se proclama como “El Cristo Ario”, todo esto en la búsqueda incesante de la redención del Ser ante el universo, la muerte y ante si mismo.

Nos quedamos muy cortos al exponer esta leve introducción, hablar de revolucionarios es hablar de la vida, del mundo, de las mutaciones que efectuaron los cambios que le dan sentido a la evolución cultural de la maquinaria social que se derrumba dando saltos y tumbos por doquier en cualquier sentido de la historia humana; cada quien hable, escriba, piense y rinda homenaje a sus revolucionarios, cada uno de ellos es pieza fundamental en el desarrollo de esta pequeña parte del universo; además…¿quién  puede decir que no ha, por lo menos, intentado revolucionar cualquier cosa?..¿O no?

No sobra mencionar que en este tema tan extenso y tan serio, la palabra revolución adquiere un matiz de sentimientos e ideas que aceleran el pulso y la respiración, aumentan la temperatura corporal y hace que los muertos vuelvan en sí, a coro de ecos y remembranzas desgastadas en las lágrimas del tiempo y el espacio. Un revolucionario no es parte de una revolución, es la revolución misma. Si tomamos una parte del pensamiento Nietzscheano, tal vez podamos comprender que a este respecto también, hallamos que la solución a la interrogante implícita al tema en cuestión, sería la eterna constante de que simplemente, no existen los absolutos.