Hoy es algo común ir al cine, comprar unas palomitas y disfrutar de historias fantásticas; grandes producciones que nos muestran un mundo dominado por simios, las aventuras de las criaturas que viven en la tierra media, a la raza humana explorando el espacio o incluso a otras razas en galaxias lejanas. Aunque no todas las cintas tienen esas características, podríamos decir que los blockbusters se han posicionado, dentro de la industria fílmica, con una amplia oferta en las salas de cine.

Por Javier González


Pero la necesidad del ser humano por contar historias, ha estado presente desde el inicio de los tiempos, y junto a esa necesidad viene otra, de aderezar esas historias con criaturas míticas, proezas más allá de lo humano o héroes, cuyas características, son equiparables con dioses. Ya desde los tiempos del teatro griego, los espectadores podían ver como un actor representando a una deidad, bajaba del cielo con la ayuda de una especie de grúa (el famoso Deus ex machina).

Con la llegada de las computadoras, pareciera que ahora vivimos en una época donde los efectos especiales han saturado todas las películas que vemos en el cine, dejando cintas llenas de explosiones pero sin una historia que nos diga nada.  Tanto así, que incluso algunos directores actuales se han manifestado en contra de este tipo de cintas o incluso, se han propuesto movimientos fílmicos como el famoso Dogma 95, donde el uso de efectos especiales y exceso de tecnología está prohibido. Pero el cine no fue así en sus inicios y este fenómeno de crear efectos especiales, tuvo un pionero, el cineasta francés Georges Méliès.

Méliès nació en París en 1861, pero de joven fue enviado a estudiar en Londres donde comenzó a frecuentar un salón de espectáculos de magia, conocido como el "Egyptian Hall", desarrollando un amplio interés por el ilusionismo. Cuando regresó a París, tuvo que trabajar en el negocio familiar, sin embargo, fue aquí donde desarrolló sus habilidades mecánicas; así en 1888, decide comprar el teatro Robert Houdin, y presenta sus propios espectáculos, alternados con funciones teatrales y proyecciones de linterna mágica. Hasta que en diciembre de 1895, asistió a la primera representación del cinematógrafo, que realizaron los hermanos Lumière.

Debido a la negativa de los Lumière para venderle su aparato, decidió comprar uno similar al inventor Robert William Paul, el cual tuvo que modificar para poder filmar así sus primeras escenas, las cuales proyectaba en su teatro. Sin embargo, deseaba realizar cosas más parecidas a los espectáculos de magia, así que puso a trabajar todo su ingenio para empezar a contar pequeñas historias que sorprenderían a la gente, desarrollando sin saberlo, elementos como narrativa y montaje, al mismo tiempo que adaptaba técnicas del teatro, el ilusionismo y la fotografía, al nuevo lenguaje cinematográfico.

Al principio el cine tenía características meramente documentales, pequeñas escenas que mostraban la vida cotidiana de la gente: caballeros jugando naipes, obreros saliendo del trabajo y la llegada del tren a una estación, son los ejemplos más conocidos. Fue Méliès quien comenzó a adaptar historias de la literatura y a inventar las propias, con narrativas un poco más complejas para la época (inaugurando incluso géneros como el de terror), y coloreando fotogramas para popularizar un muy rudimentario cine a color.

 


Hay que tomar en cuenta que en la actualidad, dentro del séptimo arte, se resaltan y premian las cuestiones técnicas de su realización. No por nada, muchas de las academias que otorgan estos premios llevan el nombre de Academia de artes y ciencias cinematográficas, resaltando los avances tecnológicos, que poco a poco van modificando la forma de hacer cine. Por ejemplo, en el teatro, no ha habido un avance tecnológico que cambie la forma de hacerlo desde el descubrimiento y aplicación de la energía eléctrica, a diferencia de todos los avances y descubrimientos que se han hecho en y para el cine.

De cierta forma, podemos decir que el cine es una forma de expresión relativamente nueva (1895), que con poco más de 100 años, aún se encuentra en el proceso de alcanzar su forma definitiva. Y es que esto va más allá de ramas como vestuario y maquillaje; los efectos especiales han sido un sello que distingue al cine de otras formas de narrativa, nadie pone en duda la calidad actoral de Andy Serkis como Gollum o César, pero nunca se le ha dado un premio, argumentando el apoyo de la técnica de motion capture.

Finalmente, me gustaría recomendarles dos cintas para entender un poco del aporte de Georges Méliès a la cinematografía. La primera es La invención de Hugo Cabret, de Martin Scorsese basada en el libro de Brian Selznick, “The Invention of Hugo Cabret”,que nos cuenta la historia de Hugo Cabret (Asa Butterfield), un huérfano de 12 años que vive ajustando los relojes de la estación de trenes, al mismo tiempo que intenta reparar un autómata de su padre, robando piezas de un puesto de juguetes. Sin embargo, el juguetero le quita el cuaderno donde tiene los datos del autómata, provocando que Hugo conozca a Isabelle (Chloë Grace Moretz), con quien entabla una amistad y a quien le enseña por primera vez el cine, ya que su padrino nunca le había permitido asistir. Llevándolos a descubrir que, el padrino de Isabelle, es el mismo Georges Méliès (Ben Kingsley), a quien se le creía muerto.


La segunda es una de las más reconocidas creaciones de Méliès, considerada por muchos como el primer filme de ciencia ficción, Le Voyage dans la Lune; escrita, dirigida y producida por Georges Méliès y basada en las novelas “De la Tierra a la Luna”, de Julio Verne, y “Los primeros hombres en la Luna”, de H. G. Wells. Nos relata la historia de un grupo de astrónomos, que desarrollan un plan para enviar una capsula espacial a la luna; una vez ahí, descubren la exótica vegetación del satélite y tienen un enfrentamiento con un habitante de la luna, al cual matan, por lo que toda la tribu los captura buscando vengarse, lo que obliga a los astrónomos a enfrentar al líder y regresar a la Tierra.

Georges Méliès inventó maquinaria y adaptó trucos de los espectáculos de magia, los efectos fotográficos y la tramoya teatral al terreno del cine. Algunas cosas fueron intencionales, otras tantas, meros accidentes afortunados; sin embargo, aportó grandes avances a un medio que apenas comenzaba a tomar forma, dándole una dirección que sigue afectándonos hoy en día; un medio en el que convergen diferentes técnicas, con el único fin de elaborar relatos fantásticos dentro de una ficción cada vez más elaborada, cada vez más real.





Under de Seas. Una escena cerca del final de la película. Dirigida por Georges Méliès.