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La Noche de la Abducción
Por Carlos Erazo.

La noche de la abducción Alexander despertó y se vio envuelto en pánico al sentirse en un lugar desconocido. Quiso recordar cómo fue que llego hasta ahí pero a su mente solo llegaban imágenes entrecortadas. Recordaba haber bebido en exceso con su mejor amigo, Samuel, en un bar ubicado al sur de la ciudad; también podía visualizar el como se dirigían en el auto de Samuel hacía sus hogares y finalmente se miró tirado en el piso de algún parque vomitando y siendo cegado por una intensa luz. Esas eran todas las memorias que Alexander poseía cuando despertó desnudo sobre una fría cama de observación y sintiendo un terrible dolor en las manos.

La habitación en la que se encontraba, en su totalidad, tenía un aspecto metálico, ésta era iluminada por una luz blanca que irradiaba de entre los muros y la cual era suficiente como para poder mostrar el interior del lugar sin dificultad. Aquel cuarto sólo estaba amueblado con una cama, una mesa y una silla.

Al incorporarse, Alexander miró a su alrededor en busca de alguna puerta por la cual pudiera salir, pero ésta no existía, era como si se encontrara atrapado en un cubo metálico. Apenas logró poner los pies sobre el piso, se dirigió a una de las paredes para tocarla e incluso colocó su oreja en ella con la esperanza de poder oír alguna conversación que le indicara el lugar donde se encontraba, pero desafortunadamente nada de eso sucedió.

Alexander se encaminó a la cama y tomo asiento, puso sus manos sobre el rostro y desesperadamente trató de memorizar algo de lo ocurrido antes de llegar a ese lugar, pero por más que intentaba por su mente sólo desfilaban las mismas secuencias antes mencionadas.

Al paso de unos “minutos”  comenzó a llorar y a gritar desesperadamente, lo cual provocó que inmediatamente tuviera una visita inesperada.

Alexander quedó horrorizado al ver lo que aparecía parado frente a él. Era un ser de aspecto humanoide con brazos, piernas y tronco alargados, su piel  era de un color grisáceo, su cabeza era similar a un hueso de mamey, sus ojos eran rasgados y totalmente negros, y su boca era una simple raya similar a la abertura que produce una navaja cuando corta un pedazo de tela; no poseía orejas, ni genitales.

-No tienes de que temer –expresó aquel ser con una voz que sonaba algo grave y a la vez hueca.

Alexander se mostró sorprendido al oír que aquel ser que estaba frente a el hablaba su mismo idioma y que a pesar del raro tono de voz, el hecho de escucharlo hablar le producía cierta calma.

-¿Qué quieres de mí? –cuestionó Alexander temiendo por la respuesta.

El ser lo observo, dio unos cuantos pasos, lo tomo por el mentón y explicó.

-Son pocas las personas elegidas por nosotros para habitar en nuestro planeta. Algunas califican por sus habilidades, otras por su experiencia o unas pocas como tú por su inteligencia. Desde hace tiempo te observamos y evaluamos tu conocimiento y el día de hoy decidimos que era el momento adecuado para poder invitarte a vivir con nosotros, pues nos serás de gran ayuda.

Alexander sintió algo de orgullo al escuchar esas palabras, pero por otro lado, le parecieron ridículas.

-¿Mi inteligencia, mi ayuda? Esto es absurdo. ¿No se supone que ustedes poseen un nivel intelectual superior al de nosotros los humanos?

-No porque vivamos en otro planeta significa que somos superiores. Si bien es cierto que nuestra especie tiene más años de existencia que ustedes, también lo es que hay cosas para nosotros a las cuales no podemos encontrar explicación, o no tenemos la capacidad para poder resolverlas.

Alexander, aún en duda por el argumento que había recibido, decidió cambiar el tema y exigió saber a qué se refería aquel personaje con aquello de, “Desde hace tiempo te observamos”.

-Quizá recuerdas -respondió el ser- algunos días en los que sentías que algo no marchaba con normalidad, todos los abducidos lo han sentido. Es un instante en el que el cielo se nubla, el clima se vuelve templado y al parecer el entorno enmudece. Haz memoria y verás que sí te ocurrió alguna vez.


Las palabras del extraterrestre eran ciertas para Alexander, pues de inmediato se visualizo una tarde en la cual se encontraba fumando un cigarrillo. Mientras exhalaba el humo se dio cuenta de que por un instante parecía que todo sonido que lo rodeaba había desaparecido, y más extraño aun le pareció la enorme nube que se había posado sobre él cubriendo los rayos del sol. En ese momento sólo le pareció algo fuera de lo normal pero no lo suficiente como para asustarse o platicarlo con sus familiares o amigos.

-¿Entonces aquella vez me estaban analizando? –preguntó Alexander.

-Sí, y no fue solo una, fueron varias las veces en las que estuvimos al pendiente de ti. Para ser exacto, desde que tenías seis años nos percatamos de lo que poseías y ahí comenzamos nuestra investigación.

Alexander se mostro serio y a la vez sorprendido con la respuesta que recibió, pero aun tenía otra duda, saber para que era útil en el planeta de donde provenía esa creatura. Así que intentó conocer la razón.

-Estás en lo correcto al decir que soy inteligente, o mejor dicho, que tengo la facilidad para aprender y poner en práctica lo que estudio; pero no creo que lo que se hacer les sirva de mucho a ustedes, pues su sistema y genética es muy diferente a la de nosotros.

Aquel ser dejó ver lo que pareció ser una sonrisa y de inmediato aclaró.

-Por su puesto que no es para nosotros la ayuda que te pedimos, sino para aquellos como tú que ya habitan en nuestro mundo. Aunque te resulte difícil de creer, poseemos los elementos necesarios para que elabores los medicamentos que ellos requieren para llevar una vida más plena. A cambio, te ofreceremos una estancia placentera, así como toda nuestra admiración y agradecimiento por los beneficios que aportes.

Alexander, quien a pesar de su corta edad ya era reconocido por ser uno de los mejores químicos farmacéuticos del mundo, le resultó excitante el hecho de ser considerado para tal labor.

-En verdad agradezco tu propuesta, pero no puedo hacerlo –replicó- no abandonaré lo que tengo en mi planeta. Dentro de unas semanas contraeré matrimonio y además me encuentro trabajando en un proyecto que sin duda alguna traerá muchos beneficios para nosotros los humanos.

El extraterrestre de inmediato dio media vuelta y advirtió.

-De donde tu vienes ya no será elogiado ni aprovechado tu conocimiento y si es por eso que llaman amor que decides permanecer, temo decir que es la peor estupidez que cometes.

Alexander enfurecido se puso de pie, tomó a la criatura por el hombro y le respondió de forma exaltada.

-Si seres como tú no pueden entender lo que es amar a una persona y dar todo o hacer todo por ella no es mi problema. Aunque mis conocimientos me han llevado a ser alguien respetable y reconocido, no por ello quiere decir que antepongo mi labor por las personas que me quieren y esperan en casa. No se que pretendas hacer ahora conmigo, quizá me tomes preso o simplemente me desintegres, o como sea que le llamen ustedes, pero si es que me dejan decidir, opto por quedarme en mi lugar con la gente que me ama y para trabajar por aquellos que me necesitan.

Dicho esto, Alexander trató de tranquilizarse y aun exaltado se sentó nuevamente en la cama.

-Es grande tu error al creer que te tomaremos preso o te perjudicaremos de alguna forma por no aceptar nuestra propuesta –respondió el ser-, creímos que dadas las circunstancias estarías de acuerdo en quedarte a nuestro lado pero al parecer nos equivocamos al pensar que era un momento adecuado. Tampoco imagines que trataremos de borrar de tu mente este momento ya que no es necesario hacerlo en tu situación. Después de todo, a nadie le importará lo que digas.

Alexander sintiéndose aliviado y a la vez avergonzado por esa respuesta optó por agachar la cabeza y dio una sugerencia.

-Hay gente en todo el mundo que se dedica  a lo mismo que yo, y estoy seguro que habrá quien le resulte interesante ser parte de ustedes.

El ser puso sus dedos sobre el rostro de Alexander, y bajándole los parpados le dijo.

-Tu tiempo aquí ha finalizado, espero estés seguro de tu respuesta pues ya no existirá otro encuentro entre nosotros.

-Estoy seguro de mi elección –pronunció Alexander al mismo tiempo que caía en un sueño profundo.

Cuando Alexander recuperó el conocimiento, notó que se encontraba en algún terreno baldío cercano a su hogar y que estaba amaneciendo. Al revisar su teléfono móvil notó que apenas habían pasado un par de horas desde la última vez que lo miró. Se puso de pie, dio un suspiro y se encaminó rumbo a su casa. Al llegar notó la presencia de una patrulla y de inmediato cruzo por su mente la idea de que quizá sus padres reportaron su desaparición.

Al acercarse, uno de los oficiales lo mira y de forma alarmante gritó, “Aquí está” y de inmediato otros dos oficiales corrieron hacia él. Una vez que lo alcanzaron lo tomaron por el hombro para someterlo y ponerle las esposas. Alexander envuelto en pánico alzó la mirada, y a lo lejos vio a sus padres llorando y gritando,  “Esto es un error. ¡Suéltenlo!”.

-Se te encuentra culpable por el homicidio de Samuel Gallardo Vázquez. – le Informó uno de los oficiales mientras de forma violenta lo llevaban dentro de la patrulla.

Dentro del vehículo, Alexander comenzó a recapitular una serie de secuencias que había olvidado respecto a la noche anterior. Recordó que, mientras regresaban de beber en un bar, Samuel le confesó un encuentro sexual que tuvo con su futura esposa, a lo que Alexander respondió enfurecido y sin escuchar razones obligó a Samuel a bajar del auto para posteriormente propiciarle una golpiza que lo dejo en el suelo.

En ese momento el pánico se apodero de Alexander, y mientras lamentaba lo sucedido llegó a su mente el instante en que, sin haber dejado levantar a su amigo, puso las manos alrededor de su cuello y comenzó a presionarlo hasta que finalmente Samuel dejó de respirar. Aun sin dar crédito de lo que había hecho, Alexander continuó recordando que tras haber matado a su amigo se incorporó, dio unos pasos tambaleantes e inmediatamente se dejo caer apoyando sus brazos sobre el pasto para vomitar; minutos después aquella luz cegadora apareció.

Sí, la noche de la abducción Alexander despertó y se vio envuelto en pánico al sentirse en un lugar desconocido. Un lugar donde le ofrecían la oportunidad de escapar de un gran error y así continuar con su prominente carrera, pero ahora, en prisión Alexander observa todas las noches al cielo con las esperanza de ser requerido por aquel ser de otro planeta, teniendo en mente las palabras que el humanoide finalmente comentó, “No existirá otro encuentro entre nosotros”.