Sociedades Secretas   Sabores Mayas

Parafraseando a Lloyd Pye (1946-2013):
A ese “grupo” tan “selecto” (por no decir “cerrado” y “excluyente”) de mentes que llamamos: “comunidad científica”, se le ocurrió que el refinado y civilizado “ser humano” es el resultado de la evolución de unos primates prehistóricos que, además de andar erguidos, empezaron a sobresalir de entre los demás animales por ser “inteligentes” (cosa que les tomó millones de años); y como no hallaron huesos de ningún otro animal que anduviera de pie, decidieron que habían dado con los antecesores del “hombre”; esto hasta que “aparecen” los restos humanos (propiamente dichos) más antiguos que se hayan encontrado, es entonces cuando las “piezas” dejan de encajar, pues los franceses huesos de este “Hombre de Cro-Magnon” no se parecían en nada a los de los antiguos homínidos, generando una pregunta que los arqueólogos no podían pasar por alto: ¿como un “salto” evolutivo tan significativo se presentó en “tan poco tiempo”? Pregunta qué, esa “élite” de científicos, respondió con la patética justificación de que “seguramente” aún no habían encontrado ese esqueleto que fuera la “transición” entre los homínidos primitivos y el flamante homo sapiens; pero eso no significaba, de ninguna manera, que su hipótesis fuera errónea, sólo que, aún no hallaban al “eslabón perdido”; desde entonces esto se convirtió en “dogma” de (fé) ciencia ciega.

Por Ramses Fonseca.

Y es así como el Homo Sapiens hace su aparición en la historia de la Tierra, pero no sólo “aparece”, sino que sale de la edad de las cavernas como todo un ser humano hecho y derecho, y en menos tiempo del que les tomó aprender a decir “¡neanderthal-evoluciona-en-homo-cromañón!” (literal) se asentaron en las tierras de Sumer y construyeron las primeras grandes ciudades con los primeros edificios, los primeros muros, las primeras carreteras para los primeros vehículos con ruedas; construyeron también los primeros navíos; desarrollaron la agricultura y el primer sistema de riego, inventaron la ganadería y la organización comunitaria, además de darse cuenta que necesitaban de reglas para poder vivir en paz y por eso redactaron el primer código de leyes, pero primero inventaron la escritura y con ella desarrollaron la educación y la literatura y se pusieron a registrar los hechos que antecedieron a todos esos avances y que los llevaran al pináculo de su civilización. Esa historia es conocida como “Enuma Elish”, sumerio para “Cuando, en las alturas...”, y quedó grabada en las mismas tablillas donde los sumerios “archivaban” sus transacciones, sus leyes, sus conceptos, sus calendarios solares y su conocimiento en general, o sea, en el lugar de las cosas que deben de quedar “registradas” por importantes, por oficiales, por “ciertas”. Ahora bien, los sumerios (que se llamaban a sí mismos los “cabeza negra”), en este registro histórico no se dan nada de crédito por el desarrollo de su existencia, ni les da por vanagloriarse por sus logros cívicos o astrológicos, ni por sus avances agricultores, o constructores, o artísticos, al contrario, se ven a sí mismos como “esclavos al servicio de los dioses” y le dan todo el crédito a “otros”; esos “otros” son unos seres que viven en el “planeta de cruce” llamado NIBIRU y los llamaron: ANUNNAKI, que según la traducción de Zecharias Sitchin (1920-2010) significa: “dioses hijos de ANU”.

 

Es en esta parte (del artículo, al menos) en que hace acto de presencia el señor Zecharia Sitchin, quien en sus tiempos fue uno de los pocos conocedores a fondo del hebreo clásico y del moderno, del sumerio, así como de otros idiomas antiguos de oriente; era considerado entre los principales reporteros y editores de Israel, además de ser de los traductores preferidos (y consentidos) del Vaticano, al grado de recibir su apoyo incondicional para la investigación de su teoría que postulaba que los “hechos” narrados en los libros del Antiguo Testamento podían comprobarse como “historia-real” basándose en los primeros textos dejados por los sumerios y babilonios, además de poder sustentarlo en los descubrimientos arqueológicos de la época. Sus conclusiones no agradaron para nada a sus “patrocinadores” del clero, pues aunque “comprobó” que, en efecto, el Antiguo Testamento estaba basado en la historia de la cultura del sumer, también dio con que los autores originales eran mucho más explícitos, en detalle, que los redactores católicos a la hora de narrar el “origen” del hombre; cosa que logró cambiar su fuerte ideología católica y lo convenció para hacer públicos sus hallazgos, sin importarle echarse encima, no solo a sus antiguos fans en la iglesia, sino también a toda esa “cofradía” de la comunidad “científica”, que de repente, ignora todas sus “credenciales”, su amplísimo conocimiento como traductor e historiador y su reputación de periodista para tildarlo de loco y comenzar una sucia campaña de desprestigio en su contra, a partir de 1976, año en que publicara sus “conclusiones” bajo el título “El 12° planeta”. En donde asegura que el “Enuma Elish”, a según su traducción y reinterpretación, dice (resumiendo groseramente y en exceso) algo más o menos así:



Zecharia Sitchin.




El planeta NIBIRU (MARDUK para los babilonios) es atraído por la fuerza de gravedad de los planetas exteriores y comienza a orbitar el Sol de modo contrario a los demás cuerpos celestes, ocasionando que colisionara, en dos ocasiones contra uno de ellos. La segunda fue catastrófica para el planeta impactado: TIAMAT, el cual se encontraba entre Marte y Júpiter y dónde ahora sólo podemos hallar un montón de rocas flotando, como el “cinturón de asteroides”, mientras que “la otra parte” fué a parar entre Venus y Marte, “atrapando” uno de los satélites que NIBIRU arrastraba a su paso. Y así se formó la Tierra y se hizo de su Luna.

Los “cabeza negra” aseguraban que estos ANUNNAKI llegaron a la Tierra (y se establecieron en la Mesopotamia meridional) buscando oro, el cual necesitaban desesperadamente; concluyeron que la única manera de hacerse del oro necesario era mediante minería, así que la “expedición” se mudó al ABZU, “la fuente primordial”, en el sudeste del continente africano (donde «in»convenientemente se han descubierto ruinas de centros mineros de hace miles de años) y los “astronautas” terminaron picando piedra, cosa con la que se negarían a continuar luego de un tiempo.

Así que el buen ENKI (hijo bastardo del Rey ANU) hace acto de presencia con una (pésima) idea: “hagámonos de esclavos y dejémosles el trabajo rudo; hay unos seres en el ABZU que caminan erguidos, a los que sí se les implantara la “marca” de los Anunnaki, se les podría enseñar el uso de las herramientas” (Homo Erectus, los estamos viendo a ustedes).

Según la historia sumeria y casi todas las mitologías de las culturas antiguas del mundo, los primeros intentos de los “dioses” para crear a los humanos cómo nos conocemos fueron infructuosos. Los primeros LULU «esclavos» no eran lo suficientemente hábiles e inteligentes para aprender el uso de las herramientas, hasta que un “dios” añade de su propia sangre/semen en la mezcla para que “amachine” la creación; así que nuestro muy creativo ENKI usa en un último intento su propia sangre, o semen, o material genético – pues!, y logra hacer con sus manitas al ADAPA (Adán, pa’ los homies católicos) que era toda una obra maestra. Aunque a su hermano ENLIL (legítimo heredero) no le pareció en nada graciosa la creación del hombre (al grado de intentar destruir a la raza humana en más de una ocasión), el padre de ambos: el Rey ANU (sin referencia alguna con el orto) dijo que era bueno.

Obvio, la primera “estirpe” de ADAPAS al tener “sangre” de ENKI era especial y con rasgos específicos por la hibridación como: los ojos rasgados, los labios gruesos, la mandíbula prominente, el cuello estilizado y un cráneo significamente alargado (Akenatón y familia faraónica, los estamos viendo a ustedes), así que los hizo sumos sacerdotes para ordenar a los demás LULUS que les adoraran como a dioses, picaran piedra, sacaran oro, construyeran ciudades y no se mataran entre ellos, además de que eran esclavos versátiles, que tanto podían ser mineros, como cantar, bailar y recitar poesía; así que rápidamente se volvió moda entre los “reptiles del espacio” tener a un grupo de humanos adorándoles como deidad y sirviéndoles de entretenimiento; desde entonces tenemos religiones (para mantenernos resignados a la vida de esclavos, desinformados, confundidos y siempre en guerra y en disputa), una economía basada en el oro y la “constante”, que persiste hasta nuestros “modernos tiempos modernos”, de las monarquías que aseguran ser “familia” de los dioses.

Ahora, nadie pretende “volver creyente” a nadie, si la gente está cómoda con la idea de que los antiguos constructores, descalzos y armados sólo de primitivos martillos, cinceles, cuerdas y troncos secos, erigieron monumentos con una precisión que no lograríamos hoy en día (y sin ayuda de grúas hidráulicas para maniobrar los monolíticos bloques de piedra), y de que, además, alcanzaron un amplísimo conocimiento y entendimiento del universo y de los cuerpos celestes del sistema solar, a “ojo pelón” (a simple vista, pues!) desde el suelo de la Tierra (aunque desde aquí no se puedan ver todos los planetas del sistema solar), es muy respetable; aunque la “hipótesis” (a la que está de moda llamar) del “antiguo astronauta” parece poco creíble (casi tan irreal y surrealista como el cuento del señor de barba blanca, sentado en una nube, que se sintió solo y se inventó al hombre y a la mujer para verlos coger, sufrir y morir), pero, astuto lector (je,je), si comienzas a unir los puntos con las evidencias discordantes y pones verdadera atención al discurso que se te ha venido contando desde siempre, quizá puedas generar preguntas clave; preguntas que el “discurso” de las “autoridades” académicas no puede responder coherentemente, máxime cuando los avances y descubrimientos en otras áreas científicas lo pone en jaque; para muestra el estudio del genoma humano, que arrojó como resultado que, genéticamente hablando, el humano no existía antes de 200 000 o 250 000 años atrás... o sea, que no compartimos la genética de esos simios “ancestros”. Los mismo estudios confirman que todos los primates tienen 48 cromosomas, contra los 46 cromosomas de los humanos; es decir que descendemos de los primates y sin embargo perdimos 2 cromosomas enteros en la “transición”, una cantidad descomunal de ADN, y de algún modo, terminamos siendo “mejores” que ellos.


Quizá, si los postulados de esa “cofradía científica” no discreparan tan escandalosamente de los hechos, las evidencias y el legado físico de las antiguas civilizaciones, entonces no cabría lugar a especulación y no tendrían la necesidad de “desacreditar” a los investigadores “alternativos” y “silenciar” sus “hipótesis” que cuestionan la autoridad de los “expertos” con pruebas que no pueden ser fácilmente debatidas.

Quizá, las “pruebas” (que ahí están, para quien quiera verlas) en sí mismas, no sean lo suficientemente contundentes para comprobar como “verdad” la tesis del génesis anunnaki y la intervención alienígena (con voz de Giorgio Tsokalus, of course), quizás la intención no es esa; quizá la intención es de solo demostrar que, mucho de lo que las fuentes oficiales nos han dicho, no es verdad.




Bibliografía y material de consulta:
El 12° planeta / Zecharias Sitchin / 1976 / ed. digital
Anunnakis / Videoblogs por David Parceriza
Everything you know is wrong, book one / Lloyd Pye / 1998 / ed. digital