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Gracias a el afán compulsivo, eterno e “inequívoco” que tiene el hombre por emanciparse del caos, busca clasificar y ordenar todo lo que encuentra en su andar: que si el origen, que de qué está compuesto, que de qué tamaño es. Catalogamos todo lo que hemos conocido pero, ¿qué hacer con lo desconocido, con lo que aun no conocemos? – cataloguémoslo también, al fin y al cabo que al llamarlo (desconocido) de un u otra manera ya forma parte del inventario – la decisión (humana) de orden le otorga (mágicamente) vida hasta a lo que desconocemos. ¿Qué sería de nuestro morbo citadino sin un yac el destripador?, ¿qué hubiera sido de aquellos despistados apátridas en Mesoamérica sin los dimes y diretes sobre “El Dorado”?, ¿quién sabe en qué banalidad pensaría el pueblo sin un “chupacabras”?, ¿en qué desamparo caeríamos sin la célebre guía de Jaime Mausán?

Por Beele.

Time - He flexes like a whore
Falls wanking to the floor
His trick is you and me, boy.


Time. David Bowie

En gran parte la estabilidad de la sociedad está fundamentada en lo clasificable, en lo que se puede percibir, en lo que podemos medir; por consiguiente también se le da existencia a su contraparte: lo desconocido. Todo con lo que se tope deberá tener una magnitud para su obligada categorización: el frío y el calor (temperatura), el bien y el mal (moral), la hembra y el macho (género), el día y la noche (tiempo)…Con el tiempo pasa algo extraño, es ese ente ambiguo y desdichado, pocas veces generoso y muchas tantas egoísta. Nada más pesaroso que ver pasar los minutos en espera de los ojos amados, nada más fugaz que el encuentro premonitorio de esos labios deseados.

En un sentido abstracto el tiempo es una de esas magnitudes humanocentricas que nos hemos sacado de la manga solo para que las crías venideras se den cuenta que hemos existido, para que den cuenta que su egocentrismo no es puro, que su soberbia solo es consecuencia de una camada anterior y que su arrogancia será alimentada por la prole consecuente; una periodicidad numérica (desde luego interminable). Cronos trabaja para nosotros como cacique esclavizador, lo hemos creado a manera de sastre vivencial, Él cuenta nuestro andar con ribetes y botones de oro, ha sido nuestro biógrafo menos fiel que nos separa del modesto presente para llevarnos a un futuro idealizado al contar un supuesto pero ajuareado pasado.

En otro sentido el tiempo va fundamentando nuestra identidad con base en lo que se cuenta y sobre todo lo que se deja de contar del pasado (el secreto, lo oculto). Lo que somos y lo que dejamos de ser se cimenta en lo que nuestros antepasados fueron o dejaron de ser… La charanga agüita a Nepomuceno porque su padre no iba más allá de la Sonora Matancera tras el volante de la “micro” que trabajaba, el greñero de Clotilde tiene memoria de bachillerosa cuando escucha a los Atoxxxico desde su guocman, Teodoro y su sofisticado oído apuntan su atención cuando las bocinas palpitan a Silvestre Revueltas.



Baterista de los Atoxxxico.

La música, invento identitario y onírico no es más que otra víctima del tiempo; esos sonidos melódicos están ahí para hablarnos de lo que ha sido y los atendemos para crear lo que en un momento dado se escuchará. Sin la música como testigo ignoraríamos que los tapatíos (o lo “sabríamos” como secreto a voces) toman su identidad así como el alma del Mariachi de Cocula, que Tecalitlán vio nacer a los Sones, que su cantar se dio en San Pedro y que en Tequila brota su Mezcal¹.



Jorge Negrete.
¹ Quien lo dude favor de acudir a uno de nuestros confesores identitarios: Jorge Negrete.

Como artilugio humano, la música también se dibuja bajo el trazo de las influencias del pasado (del tiempo), mismo pasado que hasta cierto punto recordamos o queremos recordar, porque a veces uno no trae a la memoria lo pretendido, sino lo que está a la mano, lo que dice la usanza en turno, nuestra predilección o gusto por un tipo de música es solo un eco. Un ritmo inicial nos da la capacidad de idear lo no escuchado, lo que futuras generaciones estarán sintonizando y pidiendo en la radio, dando origen a sonoridades nuevas. Amplitudes, longitudes, valles, crestas y elongaciones serán los transmisores idóneos para la música por crear (no podía ser de otra manera).

La música y esos (sectarios) encargados de su creación y desarrollo traslapan, ocultan lo que de una u otra manera desconocemos (las influencias que nutrieron sus sonidos). Beakman (lo recordado) no bromeaba al parafrasear a Lavoisier (lo olvidado) al decir que “todo va a alguna parte”. Lo mismo pasa con la música; ningún sonido o melodía crea autosuficiencia bajo su propia piel, la música debe ser alimentada bajos los rayos acústicos de otros sonidos para seguir generando su propia fotosíntesis melódica. La música se vería reducida a nada sin la retroalimentación y la influencia de los congéneres, de la otredad en los colegas creadores, de aquellos que ignoramos y se mantienen como si fueran un secreto; encriptados dentro de la música que influenciaron esperan ser encontrados, ser descifrados.

Por lo general y gracias a fines comerciales (el puto dinero²) hoy por hoy escuchamos lo que la industria musical pretende (lo “meinstrim”), sentenciando al olvido a esos influjos que formaron en el origen el sonido de las bandas y su música. ¿Qué sería de los gustosos por el metal industrial sin el estruendo de Ministry? pero ¿Quién sabe bajo que amparo hubiera caído Ministry sin el ya olvidado camino reivindicador del industrial europeo?


Ministry, Barker y Jourgensen 1992.
² Frase socorrida por los que adolecen del mismo.

En especial los Belguísimas de Front 242 (para pesar de algunos) rescataron a un Al Jourgensen que se encontraba a merced de los mares del synthpop, género que encontraba su reinado a principios de los 80 del siglo pasado. Lejos de ser el disco insignia de la banda, With Sympathy (primero de Ministry) está coloreado con la comercialidad y sobriedad del technopop de la época pero, su navío da un giro después de que su líder experimenta ritmos más ásperos y hoscos al lado de Richard 23 (Front 242) formando la banda Revolting Cocks. Big Sexy Land, LP inicial da cuenta de ello: vocales más agresivas y bruscas, envueltas en secuencias y sampleos que coqueteaban con el industrial del Este de Europa. Al siguiente año Ministry nos muestra ya un sonido diferente, Twitch, su segundo larga duración fue el ancla que los instaló en buen puerto, está permeado prácticamente en su totalidad por el industrial y dista mucho su sonido un tanto más agresivo a la suavidad de su disco antecesor. Es un ministro y su genuflexión ante la insurrección de unas vergas.







Revolting Cocks.

Hoy por hoy reconocemos a los Pink Floyd como una de esas “bandas madre”³, solemos escuchar e interpretar que han sido la materia prima para el surgimiento de nuevos ritmos. Nos son familiares los sonidos y distorsiones de guitarra que los identifica, les sabemos el bajeo marcado pero parsimonioso que rubrica el ritmo, apreciamos tiempos y silencios complicados en sus melodías pero, ello es porque hemos olvidado la psicodelia progresiva que su líder Syd Barrett le inyectaba, las deschabetadas ideas de su primer frontman le dieron tiempo y forma solo a sus dos discos iniciales (The Piper at the Gates of Dawn y A Saucerful of Secrets). Ya con Roger Waters a la cabeza y con ayuda de la industria cultural, Pink Floyd adopta su sonido sofisticado, con ritmos y melodías totalmente diferentes a lo que presentaron en un par de discos debutantes.




Pink Floyd.

¿De dónde emanaron los vapores del cambio en Pink Floyd? En esta segunda etapa de la banda, Waters acredita el naciente sonido de estos ingles. Es notorio el cambio, la nueva e inesperada consonancia de la banda nos lleva a lo previamente hecho por dos entidades musicales de Europa: Premiata Forneria Marconi y Jean Michel Jarre, mismas que anteceden la sofisticación en Pink Floyd. Sus guitarras ya no son tan atascadas como en el rock psicodélico y, apuesta por distorsiones y ritmos menos violentos pero el virtuosismo sigue presentándose. El uso del sintetizador, sonidos espaciales y ambientales son otro presente que estos ingleses tomaron prestado de sus colegas del viejo mundo. En el olvido y lo oculto tropieza Pink Floyd para descifrar en secreto lo que fueron un francés y cinco italianos.

³ Grupos indispensables y que dan origen a la existencia de otras bandas.




Recordándonos un poco al Krautrock, Portishead asombró a la última década del siglo XX, con percusiones base y, mínimos (pero suficientes) ritmos cíclicos y continuos formaron la plataforma de su monotonía electrónica. La melodía lleva de la mano a unas vocales suaves y sin grandes sobresaltos en sus interpretaciones. La interpretación y estilo musical de una banda es un recipiente adecuado para contener influencias, gustos y recuerdos. A manera de cantinflora las bandas van llenándola de influjos experimentados; de ser necesario el artefacto se destapa para beber su contenido, bocanada refrescante que rehidrata cualidades y melodías; en dosis adecuadas se sacia la sed y complementa al sonido que caracteriza a algún grupo pero, el peligro de la embriagues está presente, si los tragos son excesivos y continuos la música se esclaviza, pierde identidad propia y comienza a parecerse a alguien más, ya no son ellos mismos. Se corre el riesgo de que una banda fresca y propositiva, con sonidos experimentales y minimalistas salientes de secuencias sintetizadas sean la consecuencia no de lucidez y sobriedad, sino de una borrachera interminable. La embriagues de Portishead hace que se tambalee cadenciosamente, ha bebido en exceso un destilado Neoyorkino de finales de los 60: los Silver Apples.



Portishead.


Silver Apples.

El mundo desconocido, lo que se olvida, lo no recordado tienen un cierto carácter de oculto, un secreto que encubrimos de nosotros mismos, algo oculto guardado celosamente bajo criterios desconocidos en espera de ser revelado (vez tras vez); la situación es mero pretexto para desencriptar (recordar) la autoconfidencialidad (lo olvidado).