Nirvana   Numeralia

Sentirnos parte de una comunidad es normal para los seres humanos. La necesidad de pertenecer a "algo" (sociedad, grupo, colectivo), y sobre todo de ser aceptados es ordinaria, somos seres sociales; en dichas comunidades se comparte el idioma, las costumbres, los valores, estatus social, roles sociales, etc. Podemos decir que mucho sobre nosotros, sobre lo que somos, se lo debemos a la sociedad en donde nos desenvolvemos; nuestro comportamiento es un ejemplo de ello. La mayor parte de las personas que integran una sociedad tendrán un comportamiento, valores y/o pensamientos, que son similares entre ellos, comunes, "normales"; hechos que a la vista nos parecen "correctos", no sobresalen, ni llaman la atención. No obstante siempre habrá comportamientos que no cumplan con la norma, comportamientos que no llegan a nuestra comprensión, que nos llegan a incomodar e incluso a enfadar. Las perversiones sexuales son el más claro ejemplo de ello.

Por Verena Velázquez.

Actualmente el concepto “perversión” (del latín pervertere: volcar, invertir o dar vuelta; estado de error y corrupción de costumbres, anormalidad o degeneración de las tendencias humanas. Término que históricamente fue utilizado por la psiquiatría clínica clásica, por la psicopatología y por los pioneros de la sexología) es un poco anticuado, especialmente cuando se le relaciona con lo sexual. No así en el pasado, durante el siglo XIX diversas manifestaciones de la sexualidad humana fueron señaladas como perversiones, y en los casos más extremos como “aberraciones”. Sin embargo, hoy en día, la palabra perversión se sigue usando cotidianamente pero sin la connotación peyorativa. Distintos tipos de comportamientos que antes se consideraban como perversiones actualmente no lo son, como es el caso de la homosexualidad, y viceversa, existen comportamientos actuales que nos parecen perversos.

“Resulta cómodo generalizar y pensar que si todo cambia nada es perverso. Sin embargo, hasta los más clásicos antropólogos culturales diferenciaban claramente entre el relativismo cultural y el comportamiento relativo de un individuo en una sociedad determinada. Por eso, como diría Julio Seoane, Catedrático de Psicología Social en la Universidad de Valencia, la perversión reaparece una y otra vez en cada sociedad, tardamos bastante tiempo en firmar el certificado de defunción de alguna, pero siempre tenemos que lamentar el nacimiento de otra”.

Por su parte el antropólogo social Bronislaw Malinowski, señala que las perversiones sexuales, como todo mito o tabú, no son una explicación que satisfaga un interés científico, sino la resurrección de una realidad primitiva mediante el relato para satisfacción de profundas necesidades religiosas, aspiraciones morales, convenciones sociales y reivindicaciones; inclusive para cumplimiento de creaciones prácticas, es decir, entre más se pretenden “ocultar” más salen a la luz, puede que durante algunos años, pierdan fuerza o carezcan de reflectores, pero siguen latentes, reaparecen con más fuerza en las sociedades. Es el efecto “Boomerang” que genera lo prohibido, lo que es incorrecto, lo malo, lo sucio y lo pérfido.

Pero no es de extrañarnos que las perversiones sexuales, así como la sexualidad misma se considere tabú. Durante siglos, y actualmente en algunos países o sociedades, la sexualidad se mantuvo oculta, como algo de lo que no se tenía que hablar, algo que es prohibido, esto como consecuencia, en su mayoría, por cierto tipo de ideologías, costumbres, o religiones. Como dijo alguna vez la Dra. Anabel Ochoa: “Parece que lo humano evoluciona vertiginosamente en ciencia y tecnología, pero se congeló en su sabiduría sexual, se ocultó y silenció tanto tiempo que no progresamos con información buena, clara, completa y veraz”.







Podríamos pensar que esa concepción pertenece al pasado, que hoy en día se puede hablar de sexo de manera tan natural, que podemos expresar de manera libre nuestras orientaciones sexuales sin temor ni vergüenza. Mediáticamente el sexo es negocio y está presente en casi cualquier lugar, desde un anuncio de autos, hasta un comercial de refrescos; se utiliza el sexo en propagandas y en promociones y muchas veces el sexo es un ansiolítico o un antidepresivo natural.

Las sociedades han cambiado, eso es un hecho, aunque con sus respectivas excepciones, este cambio no sólo es contemplado en el plano sexual, sino en muchos otros, nuestra cultura, nuestras costumbres, nuestra forma de pensar, las necesidades, las dudas,  la tecnología, las inquietudes,  ya no son las mismas. Los seres humanos ya cambiamos, hemos desarrollado conocimientos sobre nosotros mismos y sobre lo que nos rodea, porque a mayor conocimiento mejor será el uso que le demos a nuestro entorno y a nuestro cuerpo.  De ahí que la sexualidad cambie con las sociedades, porque no es lo mismo ser una mujer sexualmente activa en México que ser una mujer en Irán, son sociedades distintas y están normadas por leyes y principios que “deben” de cumplirse.

De un modo u otro la sexualidad a prosperado, no ha sido una batalla fácil, es importarte decirlo, pero cada día somos sexualmente más libres; pasamos de las perversiones a las parafilias, a poder elegir de dónde obtenemos placer. Esto nos lleva a retomar este concepto: PARAFILIA.

Una parafilia (del griego pará: “al margen de”, y filia: “amor”) es un comportamiento sexual en el que el placer no es generado por el coito en sí, sino que detona de las circunstancias que lo rodean, puede ir desde la  ropa, comida, olores y partes específicas del cuerpo, hasta animales; esto quiere decir que el orgasmo es producido por situaciones alejadas a lo que se considera “común”.

En 1987, la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (American PsychiatricAssociation),  eliminó el término perversión para denominar estos comportamientos y desde entonces se trata de parafilias. A su vez el Instituto Mexicano de Sexología (Imesex) adoptó el término “expresiones comportamentales de la sexualidad” para definir las actitudes sexuales del ser humano tanto eróticas como no eróticas. 




Catalogar las parafilias no es tarea sencilla. Como hemos mencionado, la actividad sexual, muchas veces, depende de la región o cultura en la que se encuentre el individuo, por ejemplo, en Líbano a los hombres se les permite legalmente tener sexo con un animal siempre y cuando éste sea hembra; lo que en una comunidad puede resultar en una parafilia, en otra puede resultar del todo aceptable. En algunas sociedades se considera que las parafilias tienen su origen en el  abuso sexual, pero esto no está del todo comprobado, por ejemplo: la pedofilia.  Se tiene la idea coloquial de que todos los pedófilos sufrieron de abuso sexual en la infancia y de ahí su fijación,  pero aunque se han encontrado correlaciones, esta idea no se puede generalizar para todos los casos.

Cabe mencionar que algunas parafilias son consideras como delitos. En 1989 se incluyó en el Código Penal del Distrito Federal un capítulo sobre los delitos sexuales, algunos de ellos son: Necrofilia, Exhibicionismo, Sadismo y Paidofilia (pedofilia). De la misma manera, en Inglaterra y algunas ciudades de Estados Unidos, a la homosexualidad no se le considera un delito cuando se práctica entre adultos que consientan a ello;  por lo que podemos concluir que el estado legal de las parafilias varían ampliamente de cultura en cultura y de país en país.

Y así, cada persona es única, y experimenta el mundo de una forma singular. El sexo no es la excepción, es otra variable en nuestras vidas, nunca significa lo mismo para dos personas diferentes, tampoco es un fenómeno estático para la misma persona, pues suele cambiar con el paso de los años.  No es de sorprenderse que se tenga un profundo rechazo e incluso temor a ciertos comportamientos aparentemente ajenos al contexto social, y mientras se hacen comunes ciertos comportamientos, surgen nuevos cada vez más inquietantes. Esta ideología solo se puede cambiar reconociéndonos como personas multifacéticas, las cuales necesitamos de una educación sexual sin prejuicios, que nos permita tener un criterio más amplio acerca de los cambios constantes en el comportamiento humano, y entonces poder asimilarlos; como diría la psicoanalista francesa, Chasseguet-Smirgel, “La relación del sujeto con sus objetos sexuales (…) aun dependiendo estrechamente con su bilogía, se extiende al conjunto de su vida psíquica, de sus conductas, de sus actitudes morales, sociales, religiosas, estéticas, ideológicas, en resumen, a su concepción del mundo”.


Fuentes:

  • Primera publicación: “Dictionnaire de la Psychanalyse”, 1997.
  • Dra. Anabel Ochoa, “Mitos y realidades del sexo joven”, 2001.
  • Diario Siglo XXI “La importancia del Sexo en la sociedad”, febrero del 2013.
  • Revista “Conozca Más”, Sexo: edición especial, 2003.
  • http://www.psicoactiva.com/info/filias.htm