Annunaki   Sabores Mayas

Para poder hablar de sociedades secretas, habría que definir primero que es una sociedad secreta, y para esto deberíamos que tener en cuenta que  nuestro concepto de sociedad secreta está plagado de ideas que hemos tomado de películas, series de televisión, revistas y novelas, o de los incontables videos conspiranoicos que encontramos en YouTube, así que cada que nos hablan del tema, no podemos dejar de imaginarnos a Tom Hanks y a Amelie huyendo de un albino ataviado con un hábito de monje corriendo por todo parís.

Por Az Caballero.

Lo primero que podemos pensar es, ¿cómo poder encontrar información real sobre sociedades secretas si son secretas?,  por lo mismo es difícil encontrar estudios serios con rigor científico sobre este tema que no mezclen los conocimientos firmes con especulaciones y anécdotas, muchos de ellos resultan más novelas camufladas, mentiras enredadas con una que otra verdad, fantasías provocativas sobre actividades anómalas que resultan fascinantes para la mayoría del público. Tratando de indagar en que son las sociedades secretas surge la pregunta de por qué estas sociedades optan por permanecer en el misterio y el anonimato; muchos han mal juzgado  el término de “sociedad secreta”, argumentando que en una sociedad democrática todo debe ser transparente, pero la razón de mantener en secreto ciertos conocimientos no es porque se maquilen misteriosas conspiraciones u obscuros propósitos, ni por hacer o pensar de modo indigno, sino porque al igual que una familia no puede ser obligada a hacer públicas sus costumbres mas intimas,  de la misma manera las sociedades secretas ven innecesario difundir conocimientos profundamente arraigados a sus orígenes y creencias a personas ajenas que no comparten su percepción del mundo, o que simplemente no están interesadas.

Las agrupaciones más diversas han sido asimiladas a las “sociedades secretas”, ya sean grupos religiosos, políticos o sociales, incluso grupos que no nacieron en la clandestinidad, se vieron obligados a adoptar ciertas semejanzas externas con estas sociedades, como por ejemplo la iglesia católica durante el imperio romano, o los protestantes franceses en tiempo de la reforma católica. Y por otro lado existen organizaciones de tipo oficial o gubernamental que a veces son consideradas como sociedades secretas como en el caso de la Inquisición, pero que en ambos casos dichos grupos no podrían considerarse sociedades secretas, pues su intención nunca fue el anonimato.

Podemos encontrar dos clases de sociedades secretas tomando en cuenta el origen de sus propósitos, según Albert Latoine, (Francmasón, ensayista, poeta, novelista e historiador de la masonería) las sociedades secretas políticas y las sociedades secretas iniciáticas.  Las sociedades secretas políticas buscan  “disimular” su actividad o al menos mantener en el anonimato el nombre de sus miembros y cuyas acciones están dirigidas a alcanzar objetivos muy particulares, regularmente y de igual forma para intereses más particulares, ya sea al margen de los organismos oficiales o bien en contra del poder establecido, ejemplos de esto son todas las sociedades secretas conspiratorias que en muchos casos fraguaron los planes que liberaron naciones enteras, o como en muchos (bastantes) otros casos sirvieron para instalar gobiernos totalitarios que marcaron generaciones enteras. La característica principal y más esperanzadora de esta clase de sociedades secretas es su duración limitada, pues su objetivo al ser de origen político solo perdurará mientras la razón que lo hizo nacer siga vigente, la historia nos ha mostrado que no hay sistema político que sobreviva al tiempo.






Por el contrario las sociedades secretas iniciáticas no buscan disimular su existencia, incluso en la actualidad sus leyes, su historia, sus lugares de reunión, sus doctrinas y hasta los nombres de muchos de sus miembros no son ningún misterio para nadie. Lo que realmente guardan celosamente en “secreto” son sus ceremonias y ritos, a los que no pueden asistir los profanos, así como sus signos de reconocimiento mutuo que permiten a sus integrantes reconocerse entre sí, ya sean símbolos, claves, y hasta la manera en la que se saludan, muy al estilo “magio”. Muestra de esto es que en las últimas décadas muchas de esas sociedades secretas se han mostrado al mundo, un ejemplo muy claro de ello es que ya hemos tenido la oportunidad de ver a masones mostrando la indumentaria característica de su logia en televisión pública, o cómo los nombres de supuestas sociedades ultra secretas como los illumínati o los templarios de repente pueden mirarse en películas, novelas de moda y hasta en videojuegos, y es que personajes que han hecho pública su pertenencia a estos grupos, como Serge Hutin, doctor en Letras e investigador asociado del CNRS y presidente de la Orden Masónica, refieren que no importa si el conocimiento secreto es difundido, pues el secreto de estas sociedades no puede ser revelado con palabras.

Lo que las diferencia de una simple sociedad “cerrada” es que estas organizaciones hacen pasar a sus afiliados por un proceso de “iniciación” a través de una serie de ritos. La palabra “iniciado” viene de la palabra en latín initium que significa entrada o comienzo, por lo tanto el iniciado es aquel que comienza una nueva vida, es “aquel que se encuentra situado en el camino”. La iniciación es de carácter social y se podría definir como un proceso que tiene como fin hacer pasar al individuo de un determinado estado de su ser, “inferior”, a otro estado “superior”, o en otras palabras la transformación del “profano” en “iniciado”. En la iniciación se busca dar al individuo la sensación de que “muere” para poder después renacer a una vida nueva, esto lo podemos ver desde las civilizaciones primitivas en donde había ritos en que el infante se transformaba en adulto. De igual forma, la iniciación en las sociedades secretas es la realización de una posibilidad que el individuo lleva previamente en él, luego entonces el “profano” debe cumplir ciertas disposiciones para convertirse en “iniciado”, muchos autores coinciden en que existen aptitudes naturales que hacen “iniciable” al “profano”, es por esta razón que no cualquiera puede ser iniciado. Pero un iniciado no puede iniciarse por sí mismo, de ahí el carácter social de la iniciación, esto hace que haya miembros que posean un nivel de conciencia superior que otros y es por eso que en estas sociedades existen rangos o jerarquías que simbolizan  los niveles o grados relativos de perfección que han alcanzado los iniciados.

Ahora si bien cada una de estas sociedades secretas sugiere una interpretación diferente del concepto muerte-resurrección, todas ellas concuerdan en un tema, “la sabiduría primordial”, la idea de una tradición inicial que ha sido transmitida a lo largo de la historia y de distintas maneras, de la cual surgieron las  principales religiones y los dogmas más antiguos; Y que han desarrollado sistemas filosófico-religiosos que tiene ideas y objetivos similares, y que han estado presentes desde tiempos arcaicos, principalmente tres, ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos? Es así como podemos entender que desde los tiempos más remotos ha existido una secuencia ininterrumpida de organizaciones que se han encargado de preservar esta “sabiduría primordial”.

Teniendo en cuenta estos aspectos podemos tener una idea más clara y menos fantasiosa de lo que son las sociedades secretas, y así poder entender de una manera menos superficial cuando escuchemos hablar sobre masones, rosacruces, templarios, alquimistas, los iluminados de Baviera, los carbonarios, etc. y no solo como grupos en busca de acallar esa verdad que da poder, que si bien la sabiduría da poder, ya dijo alguna vez Juan Matus que “la sabiduría sin gentileza y el conocimiento sin sobriedad son inútiles”.



Castaneda Carlos, “El fuego interno”, 1984.
Hutin Serge, “Las sociedades secretas” , Ediciones Siruela, 2008.