MUJAM    Charringo    Anibal Pantoja

“¡Esta loquísimo!”, me decía mi hermana de forma emocionada mientras señalaba sin pudor a un chico tatuado por completo estilo yakuza, y aunque la televisión no dejaba ver por completo toda la pieza, se podía distinguir algunos dragones y tigres. “Ha de ver sido muy doloroso”, continuo mi hermana, quien al tiempo que cambiaba el canal me decía, “esa banda está en su mundo”.

Por Fernando Solares.

Esa noche, entre el humo sativo y la música de Herbalizer, no pude dejar de pensar en las palabras de mi hermana, “están en su mundo”, pero ¿realmente el tatuaje es otro mundo? Y si es así, ¿Por qué cada vez parece tener más presencia en la sociedad?, así que se me ocurrió llegar al fondo de este asunto y descubrir si realmente las personas tatuadas son “de otro mundo”.

A la mañana siguiente me dispuse a entender un poco más acerca de este tema, así que tras hacer unas llamadas y un poco de investigación “googlera”, me dirigí rumbo a Wakantanka, uno de los lugares con mayor tradición en la capital del país, el cual fue inaugurado en 1994 por un belga medio loco llamado Danny Yerna. De camino, pensé que aunque para muchos el tatuaje sigue siendo sinónimo de pandillerismo y malandres, lo cierto es que cada vez se vuelve más común ver a respetables miembros de la sociedad con el cuerpo tatuado. Pero la historia del tatuaje es larga y compleja. Mientras que la práctica tiene raíces prehispánicas en diversas civilizaciones, en occidente su aceptación ha cambiado en los últimos siglos, en los cuales ha sido sujeto de curiosidad, un símbolo de pertenencia, sinónimo de criminalidad y recientemente un accesorio de moda.

De acuerdo con la historia, la palabra tatuaje nace en Oceanía, en las tribus tribales de Nueva Zelanda, y se cree que es la onomatopeya del golpeteo que se le daba a la vara con la que se hacían los tatuajes. Según su mitología, los hijos del Dios de la Creación enseñaron a los humanos este peculiar arte, por esta razón se creía sagrado y era realizado especialmente por chamanes a personas que reunieran los requisitos de pureza y rango en la sociedad. Ser tatuado era señal de riqueza y poder, era lo que marcaba el prestigio en los hombres, por lo que los tatuajes de los guerreros y los líderes eran los más elaborados, las personas que tenían todo el cuerpo dibujado eran los más apreciados y distinguidos, se les llamaban “to-oata”.



Al llegar a Wakantanka, un tipo alto, güero, con orejas expandidas y brazos tatuados me recibe con un cordial saludo como a cualquier persona que entra a su estudio, me extiende la mano y de inmediato rompe con el estigma de que las personas tatuadas son del infierno (como diría mi abuela). Después de explicarle los motivos de mi visita, Danny se acomoda y se dispone a platicar un poquito acerca del camino del tatuaje en nuestro país.

“En mis tiempos todavía se hacía por rebeldía, contra tus papás, contra la policía, contra el gobierno, ahora las cosas han cambiado, se ha vuelto una moda, lo cual es bueno porque de eso vivo, pero es malo porque la moda se apaga”, me explica, dando a entender que no es la primera vez que reflexiona sobre esto. “La culpa es de los medios de comunicación, ya están más abiertos, hace años si se veía mal, pero hoy, ves Telehit, MTV, ves todos los deportistas, todos los modelos, ya todo el mundo está tatuado y perforado (…) también ya son varios años,  ya estamos en el 2014  y es momento de que la gente se abra un poco más, no por tener un tatuaje o una perforación eres mejor o peor”.

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Esta idea del tatuaje como sinónimo de maldad se remonta al siglo X a.C., cuando el tatuaje logró introducirse en Asia, (principalmente en India, China y Japón) donde se dirigían las principales rutas comerciales. Para la cultura nipona tuvo como fin marcar a delincuentes, estos “avergonzados”, comenzaron a cubrir las marcas con otros tipos de diseños más mitológicos, los cuales cubrían todo su cuerpo. Asimismo los romanos tatuaban a los criminales y a los esclavos con el fin de marcarlos de por vida.



Tras una interesante charla con Danny, en la que me platicó el rudimentario método que hace años se empleaba para tatuar, salí del lugar un poco más dueño de la situación pero aún sin saber si realmente las personas tatuadas son de “otro mundo”; prendí un cigarro y me dirigí a la siguiente cita en mi lista, Skingraphics Tattoo.

Al llegar al lugar Assael, tatuado por completo de los brazos,  terminaba de arreglar un tatuaje, “espérame tantito, ahorita te atiendo”, me dijo, “si quieres pásate en lo que acabo”. Mientras esperaba no pude dejar de pensar que, aunque el tatuaje cada vez toma mayor fuerza en nuestra sociedad, aun sigue siendo una forma de discriminación, sobre todo en el ámbito laboral.







De acuerdo con una encuesta realizada en 2013 a 2500 personas, la empresa OCC Mundial (sí, en la que buscas empleo) encontró que el 77% de los encuestados aseguró que la marginación se relaciona con tener menos oportunidades de conseguir trabajo que una persona sin tatuajes. Como explicación a este comportamiento, solo 3 de cada 10 suponen que se debe al vínculo (real o imaginario) que existe entre el tatuaje y ciertas enfermedades que se transmiten por una mala práctica. De la misma manera el estudio también revelo que el 68% de los participantes, no contratarían a una persona con tatuajes por cuestiones de imagen, el 39% por asociarlo con falta de profesionalismo y el 30% por considerarlo un símbolo de rebeldía.

  

Al comentar esto con Assael, de forma muy tranquila me respondió, “Lo que pasa es que en México estamos muy atrasados en comparación a otros lugares, nuestros papás crecieron con la idea de que un tatuaje era malo, nosotros, generaciones nuevas empezamos a cambiar ese concepto porque nos empezamos a dar cuenta que aquí como en otras partes del planeta, personas de todos los niveles sociales empezaron a consumirlo”.

Conforme intentaba racionalizar sus opiniones sobre este tema en particular, Assael se muestra muy calmado señal de una persona que lleva tiempo metido en el mundo del tatuaje y de una forma muy sencilla resume todo con unas cuantas palabras, “es un impacto en las personas nuestro estilo de vida, porque si podamos vivir de esto, porque realmente si tengamos una proyección muy grande y un desarrollo grande entorno a esto”.


Al siguiente día me dirigí al último estudio en mi lista, un lugar llamado Garage Ink, ubicado en la transitada avenida universidad y que según el internet es el lugar de trabajo de uno de los tatuadores más reconocidos en el DF, Lalo Silva. Desde el momento en el que entre, pude percibir un ambiente muy distinto a los lugares que había frecuentado. Un sillón un poco viejo en la entrada y el sonido de la máquina de tatuar me decían que estaba en el lugar correcto.

Para Lalo, el que se crea que el tatuaje es “otro mundo” se debe a que esta práctica se había mantenido por mucho tiempo en el underground lo cual hacia que la información fuera para un grupo selecto, pero debido a los medios de comunicación, en la actualidad se está integrando muy fuerte a la cultura general.

“Yo creo que la información esta como a medias, incluso peligrosa. Si se ha abierto un buen la onda del tatuaje, pero lamentablemente esa mala información lleva a que haya tatuajes de muy mala calidad, de poca higiene y esas cosas, pero creo que es parte del crecimiento”, señala Lalo recordando esos reality shows, en donde los tatuadores son “rocks stars” y la clientela siempre tiene una historia.





El modo en que Lalo hace referencia a estos programas es sarcástico, ya que para él estos son los culpables de que cada vez exista gente poco profesional haciendo tatuajes en tianguis, casas y lugares insalubres, “creen que es muy fácil y se ponen a hacer tatuajes, pues… a como ellos lo entienden”.

Al final de nuestra divertida charla, Lalo, con esa buena vibra que lo caracteriza, me recomendó visitar a una última persona, Javier Gaona tatuador residente en Infierno Tatuajes.

Al entrar al estudio ubicado en avenida Copilco, me di cuenta que realmente el tatuaje no es “cosa de otro mundo”, pues sentados en la sala de espera había una señorita de aspecto ejecutivo, unos tipos punks y una parejita de colegiales nerviosos por estar a punto de hacerse su tatuaje.

Javier quien cuenta con más de 20 años de experiencia en el medio, accedió a platicar conmigo y sin titubear contesto, “se le quiere dar matices de cultura, sub cultura o sociedad secreta, pero la verdad es que no. Mucha gente esta tatuada y se viene tatuando desde hace muchos años”.

Al igual que Lalo, Javier señala que otra cosa que impulso el tatuaje fue que los deportistas, actores, cantantes y hasta políticos se unieron a esta práctica y entonces la gente empezó a pedir el tatuaje que traía el deportista o actor de moda, “ya que lo trae su artista o cantante favorito ya no esta tan mal”, agregó.

“Creo que es de lo más normal atender a una ama de casa que quiere su tatuaje que representa a su familia, atender a un joven que quiere representar el amor con un tatuaje; realmente las cosas que detonan el tatuaje no es ser una cultura a parte, en realidad es la manifestación de sus deseos, sus pensamientos y eso siempre ha estado ahí, no es algo nuevo”, concluyó Javier.

Después de este viaje mágico-cómico-musical en torno al tatuaje puedo señalar que muchos son los recorridos que ha tenido esta práctica desde identificar prisioneros, hasta congregar marineros pero en la actualidad el moderno estilo de vida lo ha colocado en la vitrina y es aceptable ver a políticos, actores, deportistas y hasta amas de casa luciendo extravagantes diseños, por lo cual no puede ser, ni de otro mundo, ni una sociedad secreta.

Así que parafraseando a los escritores Paula Croci y Mariano Mayer en su libro Biografía de la piel (1998), “desde el momento en que los tatuajes acceden a la valoración de los medios pierden todo rasgo de problematización y pasa a ser una practica hablada y explorada por todos, obliga a posar la mirada en el cuerpo de otro, hacer figura en el fondo humano. Esa inscripción realizada con dolor  y encarnada como una voz, moviliza a descifrar códigos ajenos”.



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